Opinión

La República de la Grilla

Ahora que es el líder nacional del PRD, conviene releer las memorias de Carlos Navarrete, quien en 2011 publicó en De Frente (editorial Temas de hoy) este pasaje, correspondiente a una gira internacional que hizo cuando presidía el Senado:

“El gobierno de Marruecos me había invitado a su país y yo había aceptado porque tendría la oportunidad de ir con los saharauis. En semana santa del 2010 hice el viaje. Llegué primero a Argelia y, ahí, su gobierno puso un avión a mi disposición para volar a los campamentos de refugiados. (…) Aterricé en la zona de campamentos donde está instalado el gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática. (…) Me llevaron a los campos de refugiados y la prensa argelina siempre ahí, conmigo todo el tiempo. Como a eso de las cinco de la tarde me llevaron al hospital donde tenían a los saharauis que, al intentar cruzar el cerco, les habían explotado las minas. Me encontré con un puñado de jóvenes, niños y mujeres sin brazos, sin piernas. Fue tanta mi indignación de ver aquello que frente a la televisora argelina declaré que era inaceptable que Marruecos siguiera resistiéndose a las resoluciones de la ONU, que era inhumana la invasión marroquí a territorio saharaui, que eso había traído cientos y cientos de lisiados, y que como presidente del Senado de México, en ese momento, cancelaba mi visita en protesta”.

Volvamos al 2014. El sábado 4 de octubre la prensa publicó los primeros detalles sobre unas fosas encontradas en Iguala. Al día siguiente Navarrete fue elegido presidente del Partido de la Revolución Democrática que gobierna (es un decir) Iguala y Guerrero. El lunes 6, por la mañana, cuando las fosas hedían a muerte, en vez de intentar un digno inicio de su gestión, Navarrete defendió a su correligionario Aguirre: que se vayan también Eruviel o Egidio, demandó ante las voces que decían que Don Ángel era insostenible. ¿Por qué los campamentos saharauis sí provocaron en Navarrete el desplante de indignación que no le vimos ante 6 muertos, 43 desaparecidos y varias fosas abiertas en Iguala? La respuesta es muy sencilla. Porque en México nada, ni el horror ni el dolor, es más fuerte que la grilla. Nada.
A Iguala ya se lo tragó la grilla. A nuestra clase política no le importan los cadáveres hallados ni los estudiantes no hallados. Nada valen para los políticos el penar de las familias de los desaparecidos y de los asesinados. Lo que importa es transar, transar el menor costo posible de esta crisis. Como Navarrete están todos. Grillando en mesas montadas sobre un país lleno de fosas.

Grilla Ángel Aguirre a la hora de dar madruguete el sábado pasado al procurador Murillo Karam y decir que los muertos no son de Ayotzinapa. Grilla Murillo cuando dice que nunca le dieron pruebas sobre el alcalde prófugo.

Grillan los senadores panistas Mariana Gómez del Campo y Jorge Luis Preciado, que en vez de apurar, la primera, la renovación del Ombudsman, prefiere torpedear la llegada de un nuevo presidente de la CNDH, que al cabo ni urge tener uno a plenitud. Grilla el segundo cuando se llena la boca al comparar Iguala con el 68, pero ¿alguien escuchó a esta colimense y hoy justiciera voz ante los muertos del sexenio pasado?

Grilla Emilio Gamboa pidiendo el domingo que no seamos pesimistas.
Grilla Peña Nieto cuando pide que el gobierno (es un decir) de Guerrero debe hacerse cargo.

Paso señores y señoras a los políticos, que la República de la Grilla está que arde. ¿La justicia? Ah, eso es muy engorroso y siempre trae costos, en cambio, la bendición del juego de la grilla es que hasta cuando uno va perdiendo puede haber ganancias.