Opinión

La relevancia de ubicar el error

 
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Error

Pocos momentos resultan tan incómodos como el instante donde concientizas que has cometido un error.

Esa mezcla de sensaciones que tu cuerpo experimenta cuando la advertencia de un tercero o tu propio razonamiento posterior ofrecen la luz direccionada y suficiente para permitirte ver lo que antes no fuiste capaz de ver, conectar puntos que antes no pudiste relacionar o razonar efectos que te resultaron imposibles prever con adecuada oportunidad, se amalgaman con una sensación de arrepentimiento inmediato y temor por las consecuencias que puedes enfrentar.

Un error suele definirse como una acción o inacción desacertada y normalmente reprobable por alguien que así la juzga. Su magnitud puede ser distinta, pero su tipología también:

1) Error absoluto.- Ocurre cuando se presenta una diferencia entre un valor real y un cálculo experimental. Los números permiten advertir cuando, con independencia del método utilizado o de cierta falta de conocimiento o pericia, un resultado “x” obtenido no corresponde con el valor real del asunto procesado.

2) Error de juicio.- Ocurre cuando, con meditación o sin ella, juzgamos como verdadero algo que es falso o, por lo menos, incompleto. Es intrínsecamente complejo evitarlo, porque las apreciaciones, los paradigmas, la información parcial de la que solemos disponer y los inevitables sesgos con los que podemos ver muchos aspectos de nuestra realidad ofrecen una visión estructuralmente incompleta de muchos hechos y elevan las posibilidades de hacer apreciaciones o acciones incorrectas basadas en juicios equivocados.

3) Error compuesto.- Define una suma de errores sucesivos cuando, con conciencia o sin ella, se van agregando los efectos negativos de desaciertos no reconocidos o no corregidos y que, a la vuelta de cierto tiempo, enredan a su protagonista en un problema de efectos exponenciales del que suele ser cercano a imposible salir bien librado.

Nadie es infalible. Todos cometemos errores. Unos más graves o cuestionables que otros, sin duda, pero todos expuestos al dilema de su confrontación y al manejo de su desenlace.

En el mundo de los negocios y en distintos frentes de la vida, es importante aprender a identificarlos con la mayor oportunidad posible, a distinguir sus diferencias y a pulir una adecuada aproximación a la corrección, solución o enmienda.

Todo parte, sin embargo, de superar la tentación a negarlo, a justificarlo o a evadirlo. Y es que una de las complejas virtudes de un director de empresa o de cualquier individuo es aprender a reconocer y, en su caso decir a quien le corresponda escucharlo, dos palabras que resultan el indiscutible punto de partida: “me equivoqué”.

Sin esa simple oración, la más frondosa de las habilidades, la más inteligente de las soluciones o la más honorable de las correcciones no se hará presente por una sencilla razón: nadie puede corregir lo que no ha sido reconocido como equivocado.

Una edición más del Foro AMITI
Con el concepto de Transformación Digital, mañana martes 7 de noviembre la Asociación Mexicana de la Industria de Tecnologías de Información celebrará su Foro AMITI en el Centro Citibanamex de la Ciudad de México.

Bajo el liderazgo de su presidente Javier Cordero y del inagotable impulso de su director general Javier Allard, el #ForoAMITI2017 promete resultar un acicate para la conversión digital que muchos negocios deben aún emprender o, en el mejor de los casos, afinar.

Con particular ánimo preparo notas para participar en el panel Acelerando la Transformación Digital en el Sector Consumo con Arie Polichuk de Microsoft, Jesús Macías de aG y Cristina Carreón de la Secretaría de Economía. Anticipo una intensa conversación elegantemente moderada por Saúl Cruz de Select. ¡Ahí nos vemos!

* El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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