Opinión

La reforma fiscal
que no fue

 
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 [El objetivo es combatir el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, por lo que exigirá restricciones a anuncios de comida chatarra en televisión. / Cuartoscuro]  

La reforma laboral, la educativa, la energética, la de telecomunicaciones, la financiera, fiscal. Todas son parte del abanico de cambios estructurales que se han hecho en el país en los últimos años.

Considero que la mayoría de estas reformas tienen el potencial de cambiar la capacidad productiva del país, suponiendo que los beneficios que conllevan no desaparezcan en los detalles de la implementación.

La reforma fiscal es el elemento que no pertenece en ese conjunto.

Suena incluso extraño llamarla “reforma” porque no cambia de fondo la forma de gastar, ni de recaudar. Así que año con año logramos misceláneas fiscales, con medidas de todos colores y sabores. Con el tiempo, hemos ido creando un sistema fiscal lleno de parches. Este año no fue la excepción. La semana pasada se aprobó la Ley de Ingresos de la Federación y la Miscelánea Fiscal para el ejercicio fiscal 2016. Los temas más sonados fueron el impuesto a los refrescos, el precio de la gasolina y las deducciones.

En 2014 se puso el impuesto especial a los refrescos con el argumento de que había que combatir la obesidad. Hubo voces, aparte de los directamente afectados, que argumentaban que dados los patrones de consumo de los mexicanos, únicamente disminuiría el ingreso disponible de las familias, pero no habría ningún beneficio en la salud de los contribuyentes. Además, con los recursos obtenidos, se pondrían bebederos de agua potable en todas las escuelas públicas. Un año después, dudo que haya disminuido la obesidad, pero aparentemente sí ha disminuido el consumo de refrescos. Este año los diputados propusieron disminuir el impuesto, pero los senadores no lo aprobaron y se mantiene como estaba.

El tema de la gasolina es más complejo. Este año se plantean modificaciones a la forma en la que se determina el precio de la gasolina, con la idea de liberar paulatinamente el precio. Durante el 2016, el precio de la gasolina se moverá dentro de una banda de fluctuación cuyo rango estará determinado por la inflación esperada.

Para determinar el precio máximo se considerará el precio internacional del combustible, la estacionalidad, las diferencias relativas por costos de transporte entre regiones y las diversas modalidades de distribución y expendio al público y el tipo de cambio. El nivel y la trayectoria de esta banda de flotación se establecerán en enero de 2016. El objetivo es que durante 2016 la gasolina no aumente en términos reales, es decir, que los aumentos al precio, si es que los hay, respondan a ajustes inflacionarios.

Se ampliaron las deducciones permitidas. Las empresas con ingresos de hasta 100 millones de pesos, antes eran 50, podrán deducir inmediatamente sus inversiones. Se incrementó también, el límite de deducibilidad en automóviles 130 mil a 175 mil pesos. Se podrán deducir al 100 por ciento los gastos médicos por incapacidad, pero se tendrá que presentar un comprobante de las instituciones del Sistema Nacional de Salud de que no se pudo atender ahí.

Ninguna reforma fiscal es meramente recaudatoria. Los impuestos distorsionan: cambian la conducta de las personas y de las empresas. Los sistemas fiscales pueden impulsar o frenar una economía; pueden beneficiar a unos grupos y perjudicar a otros; pueden redistribuir el ingreso. Creo que no hay impuesto óptimo ni reforma fiscal ideal. Pero la reforma que se llevó a cabo hace un par de años frenó inversiones en algunos sectores y movió a la economía hacia el efectivo, “informalizó” parte de la economía formal.

En la medida en la que nuestro sistema fiscal sea más complejo -tenga más excepciones, exenciones, tasas diferenciadas, textos sujetos a interpretación, más comprobantes que presentar, justificantes que exigir, más impuestos específicos establecidos en fórmulas complejas- será un sistema en el que haya más evasión.

Y la verdadera reforma fiscal está del lado del gasto. Cualquiera que reciba recursos públicos, independientemente de lo loable de su propósito, debe de estar obligado a rendir cuentas sobre su uso. No se debe de permitir el derroche ni el gasto superfluo. La corrupción debe ser sancionada. Una reforma fiscal tiene dos lados: no es solo recaudar, es también la forma de gastar.

Twitter:@ValeriaMoy

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