Opinión

La reforma avanza

 
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Maestro.

Hace tres años que inició la reforma educativa. Tres años en los que han ido cambiando, de a poco, algunas malas costumbres. Ya se están evaluando los maestros, aunque se trata más de una evaluación informativa, puesto que quienes no la aprueban tienen dos años para hacerlo, e incluso después de ese tiempo no perderán su empleo, aunque sí el trabajo frente a grupo. Ya hay evaluaciones para puestos directivos y de supervisión. Ya tenemos información de cuántas personas trabajan para la SEP, y en qué puestos. Parece poco, pero los cambios ocurridos en estos tres años son una enormidad.

Lo que no significa que haya resultados en lo que se busca, que es un mejor proceso enseñanza-aprendizaje, y al final, mejor desempeño de los jóvenes en diversos indicadores, desde simple conocimiento hasta mejores habilidades y actitudes. Pero son pasos previos, sin los cuales nada se puede lograr.

Empezamos de tan atrás, que desespera un poco lo que vamos tardando.

Esta parte del proceso, el orden administrativo elemental, ha requerido tres años porque hay mucho obstáculo. No cabe duda que el más aparatoso de ellos ha sido la CNTE, que desde hace tiempo había perdido su orientación justiciera para convertirse en arma política y de búsqueda de privilegios, pero no es el único obstáculo. El SNTE, en muchas partes del país, se había convertido en herramienta electoral del PRI a cambio de prebendas del mismo estilo de la CNTE: plazas, liberación sindical, recursos. En todo el país el SNTE había capturado la estructura educativa misma, incluso hasta tener la Secretaría de Educación local para uno de sus agremiados. Algunos verán bien que sea el sindicato el mismo que el patrón, pero le puedo garantizar que eso no lleva a nada bueno.

El deterioro de la educación en México no es culpa de los maestros, pero su reversión depende de ellos. Por eso es esperanzador ver cómo muchos de ellos han decidido enfrentar a la estructura sindical (CNTE o SNTE) para avanzar de manera personal y para tener un mayor impacto entre sus colegas y los niños. En un universo de más de un millón de docentes, decenas de miles de instalaciones, abundan los conflictos, pequeños y grandes, pero se ve avance, sin duda.

La CNTE ha apostado, nuevamente, contra el proceso. Pero cada año tiene menos fuerza, y ahora parece que ya prácticamente nada. Lo que está demostrando es debilidad, y todo indica que se termina. No dudo que las secciones que la conforman mantengan fuerza, pero ya no como Coordinadora, sino como parte del SNTE. Y esa fuerza ya no puede ejercerse de la misma manera que antes, sino a través de mecanismos más institucionales. Por eso, me parece, es la sección 18, de Michoacán, la que más se ha notado en esta ocasión, y ya no la 22 de Oaxaca.

En ese mismo proceso, los movimientos radicales en universidades o normales tendrían menos apoyo desde los bordes del sistema y la subversión, para depender mucho más de la política tradicional. Eso parece estar ocurriendo en el Poli, donde el extraño movimiento da la impresión de ser manipulación de parte de políticos. Tal vez por eso también se les ve limitados y con poca convocatoria.

Veremos rumbo a 2018 qué tanto cambian estos procesos, pero en principio me parece que hay espacio para tener buenas expectativas. La reforma va avanzando. Hay que pasar pronto a una etapa diferente, más centrada en la generación de habilidades y actitudes.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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