Opinión

La rectitud no excusa la necesidad de cuestionar

27 abril 2016 7:44
 
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Hillary Clinton (Reuters)

En una columna reciente para el New York Times, dije, para que conste, por qué no he sido el promotor de Bernie Sanders que aparentemente mucha gente esperaba que fuera (lea aquí la columna: nyti.ms/1SP9TZz).

El asunto de descartar el apoyo para Hillary Clinton al considerarlo procedente de “estados conservadores” del “Sur Profundo” ejemplifica el problema que vi en la campaña de Sanders, y que me hizo desconfiar tanto del movimiento como de él.

Lo que vemos en este tema y otros es la adopción casual de los partidarios (sin ningún esfuerzo visible por corroborar la premisa) de una historia que suena bien: todo es culpa de los grandes bancos; la atención médica de pagador único está lista para adoptarse si lo queremos; el gasto gubernamental dará enormes beneficios (no los beneficios más modestos que sugiere en análisis keynesiano convencional); el apoyo de los votantes por los republicanos desaparecerá si cargamos contra los medios corporativos.

En cada uno de los casos, la historia se topa con grandes problemas si hacemos un poco de tarea. Si no son completamente falsos, cada argumento requiere muchas reservas. Pero la respuesta todoterreno para la gente que hace preguntas es que debe pertenecer al “establishment”, o ser corrupta a nivel personal. Los ataques son el principal argumento.

Sé que algunos piensan que estoy obsesionado con detalles triviales de política, pero ese no es el punto. Se trata de la actitud, del sentido de que la rectitud excusa la necesidad de pensar detenidamente, y que cualquier cuestionamiento al justo es una traición a la causa. Cuando vemos a los defensores del Sr. Sanders exagerando por las “prostitutas corporativas” y así por el estilo, no estamos viendo una misteriosa invasión de mal comportamiento en un movimiento idealista. Vemos la intolerancia que siempre estuvo apenas bajo la superficie del movimiento, desde el principio.

¿La Sra. Clinton también tiene problemas? Por supuesto. Anteriormente ha estado muy a gusto con los intereses establecidos; no debió haber pronunciado esos discursos a Wall Street y, por supuesto, no debió haber votado a favor de la guerra en Irak. Pero no hay evidencia de que sea corrupta, y hay muchísima evidencia de que medita mucho los temas y que está dispuesta a cambiar sus puntos de vista a la luz de los hechos y de la experiencia.

Twitter:@NYTimeskrugman

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