Opinión

La receta de Meade para ¿abatir? la pobreza

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José Antonio Meade, titular de la Sedesol. (Archivo/Cuartoscuro)

Las declaraciones de José Antonio Meade, de la semana pasada, cuando habló de lo suertudos que son los mexicanos de tener a un presidente como Enrique Peña Nieto, no pueden ser interpretadas (sólo) como zalamería o chiquitibumbismo.

A la luz de un documento al que tuve acceso y que enseguida detallo, se puede decir que las expresiones del titular de la Secretaría de Desarrollo Social forman parte de una estrategia del gobierno para sacar una mejor nota en estudios que miden la pobreza.

Dicho de otra forma, el gobierno habría concluido que si no puede cambiar la realidad de la pobreza, con algunas “acciones estratégicas” y unos “mensajes de empoderamiento”, sí puede modificar la conversación pública a tal punto que se incida en las respuestas que los pobres más pobres darán en mayo a los encuestadores del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Según fuentes consultadas que prefirieron el anonimato, con esta estrategia, la administración incluso aspiraría a incidir en las respuestas que la gente dará a los del INEGI cuando en agosto levanten la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH).

Fechado en diciembre de 2015, el documento se titula Estrategia Nacional de Inclusión, y se enfoca en los 24,6 millones de mexicanos por debajo de la Línea de Bienestar Mínimo. El documento enuncia “Acciones estratégicas a 2016” y “Acciones estructurales para 2018”, pero las únicas que detalla ampliamente son las primeras.

En el apartado 3.2 se especifican esas acciones estratégicas. Por ejemplo, en rezago educativo buscarán “Acreditar preescolar en estancias infantiles y guarderías”, así como “Cursos de regularización para primaria y secundaria” y “Certificación de Adultos Mayores”. Si el gobierno decreta que las estancias infantiles sean consideradas como educación preescolar (¿!), lo que estaría haciendo es matar dos pájaros de un tiro. El primero, abatir una carencia: el documento sostiene que “los niños entre 3 y 5 años explican más de 2/3 del rezago entre 3 y 15 años”. El segundo objetivo es dar a la gente un “mensaje de empoderamiento”. Podrían contestar a los encuestadores: “Mi hijo sí va a la escuela. Ya está en preescolar”.

Otro ejemplo, éste sobre salud. Una acción estratégica sería “Capacitación para un ejercicio efectivo de su derecho”, pues según se detalla en el documento, hay “alrededor de 6,3m de estudiantes afiliados al IMSS como titulares y sólo 1,5m lo reconocen en ENIGH”. Entonces, el mensaje de empoderamiento propuesto es: “Yo sí tengo derecho al IMSS por ser universitario(a). Sí tenemos asistencia médica y todos sus beneficios. ¡Gratis!”

Y lo mismo en seguridad alimentaria, donde un mensaje de empoderamiento sería: “Yo sí alimento bien a mi familia. Con comida sana, variada y suficiente”.

La estrategia incluiría que, de enero a abril, el gobierno llegue hasta los 208 mil hogares que conforman el universo de la Encuesta Panel del Coneval para que, cuando se levanten los cuestionarios en la muestra, compuesta por 8 mil de esos hogares, la gente haya recibido ya los “mensajes de empoderamiento”. Si contestaran conforme a lo esperado, reportando menos carencias, en vez de subir, como pasó en 2014, el número de mexicanos por debajo mínimo de la línea de bienestar podría bajar.

Así que antes que expresiones aisladas, los dichos de Meade cuadran con la estrategia que incluye el anuncio presidencial del lunes de que todos los estudiantes serán afiliados al IMSS, o el del INEA, de hace semanas, para regularizar a 1,5 millones de adultos mayores, o el de Liconsa de leche a peso el litro…

Y todo con medio país en elecciones. Qué listos, ¿no?

​Twitter: @SalCamarena

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