Opinión

La realidad de México que pocos quieren ver

 
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dinero peso billetes (Cuartoscuro/Archivo)

Después de la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2014 elaborada por el INEGI, ha quedado de manifiesto que las políticas públicas en materia económica implementadas por el gobierno federal no han servido para revertir el empobrecimiento del mexicano promedio ni para fortalecer el mercado interno, lo que nos vuelve cada vez más dependientes y vulnerables respecto al exterior.

Esta realidad contrasta con lo que se dice en los discursos oficiales respecto a la buena marcha y estabilidad económica mexicana en un contexto de volatilidad financiera internacional; y de igual manera deja en entredicho la calidad del análisis de diversos economistas que no se cansan de aplaudir las decisiones económicas del gobierno federal, sin considerar que estas no rompen el círculo vicioso de bajos niveles de ingreso que ocasiona un insuficiente nivel de consumo, lo que a su vez es la causa de la debilidad del mercado interno, de la escasa creación de empleos bien remunerados y del bajo nivel de crecimiento económico.

Aunado a lo anterior, los funcionarios del gobierno federal y diversos analistas económicos, no se cansan de dar discursos y publicar proyecciones sobre las expectativas de crecimiento del PIB, las cuales invariablemente han terminado siendo ajustadas a la baja; y lo que es peor es que siempre nos dicen que el año entrante será de mayor crecimiento, cuando la realidad es que la mediocridad en el desempeño económico nacional no tiene para cuando terminar porque las políticas económicas que tienen al país en esta situación no se han modificado.

Concretamente, respecto a los resultados de la ENIGH 2014 que acaban de publicarse, tenemos que el ingreso corriente total promedio de los hogares mexicanos decreció en 3.5% en términos reales con respecto a 2012. Cabe señalar que esta baja en el ingreso afectó a todos los deciles de hogares, excepto por los más pobres, los cuales aumentaron su ingreso en apenas 2.1%, aunque su nivel de ingreso promedio trimestral es de solo 7,716 pesos.

Cabe señalar que un decil es una agrupación de hogares que hace el INEGI en base a su ingreso trimestral corriente. De esta manera el 10% de los hogares de menos ingresos en el país están en el decil I, mientras que el 10% de hogares de mayores ingresos están en el decil X.

Con esto en mente, resulta preocupante que los deciles de ingresos medios, es decir del VI al IX sean los que mayores caídas en sus niveles de ingreso hayan tenido entre 2012 y 2014. Concretamente para el decil VI la disminución de los ingresos fue de 4.2%, para el VII la caída fue de 5.7%, para el VIII el retroceso fue de 6.1% y para el IX hubo una caída de 5.6 por ciento.

Estos datos explican la crónica debilidad del mercado interno mexicano y confirman que las políticas públicas implementadas por el gobierno federal han generado un deterioro en el nivel de vida de la mayoría de los mexicanos, y que la muy presumida “estabilidad macroeconómica” no ha servido para mejorar las condiciones de vida de la población en general.

Y en este sentido es importante destacar que la baja inflación que hemos registrado este año, la cual llegó a 2.87% en junio, es en buena medida reflejo de la debilidad de la demanda interna. Y es que si las ventas de los negocios son bajas, pues las posibilidades de poder subir precios quedan muy limitadas. En este sentido tenemos que en el comparativo de los primeros cuatro meses de 2015 respecto a los mismos meses de 2012, el incremento de los ingresos por suministro de bienes y servicios por parte de los establecimientos comerciales al por menor ha sido de apenas 7.7%, lo que representa un incremento promedio 2.49%, tasa de crecimiento por debajo de la inflación.

Esta debilidad del consumo desde luego que afecta al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el cual registra un crecimiento promedio trimestral de 1.85% en los primeros nueve trimestres del actual sexenio.

Ante esta realidad, no debería llamar la atención que de acuerdo al INEGI la población ocupada total en México haya aumentado entre el primer trimestre de 2013 y el mismo trimestre de 2015 en 1.447 millones de personas, pero que esto sea producto de la creación de puestos de trabajo mal remunerado y desaparición de empleos bien pagados como lo evidencia la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).

Esta ENOE muestra que entre 2013 y 2015 aumentó en 401 mil la cantidad de personas trabajando que ganan menos de un salario mínimo, mientras que los que ganan entre 1 y 2 salarios mínimos aumentaron en 716 mil personas. Los que tienen ingresos entre 2 y 3 salarios mínimos crecieron en 63 mil unidades, pero lo preocupante es que los que ganan de 3 a 5 salarios mínimos disminuyeron en 226 mil personas y el número de personas trabajando que gana más de 5 salarios mínimos cayó en 226 mil unidades.

Con estos datos en mente cabe preguntarse si esta información respecto a lo que sucede con los bolsillos de las personas, y la realidad de las empresas, es debidamente comunicada al Presidente de la República. Y es que como hemos visto, no basta con hablar de estabilidad macroeconómica y de expectativas halagüeñas para los próximos años cuando la situación presente en la microeconomía de este país es cada vez más delicada por la pérdida de ingresos reales y creación de una enorme cantidad de puestos de trabajo cada vez de menor calidad.

Esperemos que igual la estabilidad macroeconómica que tanto presume el gobierno federal continúe en los próximos años. En este sentido se debe comentar que aún no suben las tasas de interés en los Estados Unidos y en México el tipo de cambio interbancario ya se ubica en $15.90 pesos por dólar, lo que ha provocado que las deudas públicas y privadas se hayan vuelto más caras. ¿Qué pasará cuando el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) por fin lleve a cabo el primer aumento de tasas? La realidad es que nadie sabe si los ajustes en el tipo de cambio que hemos visto ya reflejan el inminente aumento en tasas o si el dólar pudiera irse a niveles de hasta 18 pesos, pero de entrada por lo que pueda pasar ya la Junta de Gobierno del Banco de México alineó su calendario de reuniones para que coincida con el de la FED y así poder tener una respuesta más rápida ante los ajustes de política monetaria llevados a cabo por el vecino del norte.

En el tema de las tasas de interés, sería bueno que le informen al Presidente de la República que entre abril de 2012 y el mismo mes de 2015 la deuda económica amplia total del sector público pasó de 4.570 billones de pesos a 6.796 billones, lo que representa un incremento de 48.7% en tan sólo tres años. ¿Qué se hizo con los recursos de este endeudamiento adicional? Eso es motivo de otro análisis, pero lo que es fundamental advertir en este momento es que con una deuda de ese tamaño, un aumento de un punto porcentual en la tasa de interés ocasionará un costo financiero adicional para el sector público de casi 68 mil millones de pesos. En un contexto de caída de los ingresos del petróleo estas no pueden ser buenas noticias, y no cabe la menor duda que la estabilidad macroeconómica estará a prueba en lo que resta de 2015 y 2016.

Ante este escenario, es importante realizar los ajustes en el modelo económico de manera que la situación que vivimos se revierta de manera que comencemos a tener un mercado interno más sólido y se preserve la estabilidad macroeconómica ante las mayores presiones que se avecinan.

Un primer paso en este sentido, y que hemos comentado en diversas ocasiones desde esta columna es el buscar un comercio internacional más equilibrado con las naciones asiáticas, con las cuales en el 2014 registramos oficialmente un déficit en la balanza comercial de más de 110 mil millones de dólares. En la medida en que se revierta este déficit habrá más producción en México, más empleos mejor pagados y menos emigración de connacionales hacía los Estados Unidos.

Y ante la debilidad fiscal el país por la caída en el precio del petróleo, otra medida fundamental es que la elaboración del presupuesto de egresos 2016 verdaderamente rompa con las inercias de gasto inútil que se han presentado históricamente de manera que se puedan realizar recortes al gasto público que liberen recursos para hacer frente a un mucho mayor gasto financiero ante el alza en las tasas de interés.

De igual manera, es fundamental fortalecer los ingresos tributarios no petroleros de la nación, y para ello se debe ampliar de manera real la base de contribuyentes, y no hacerlo en base a cifras alegres como las que presenta el SAT al decir que tiene 46.3 millones de contribuyentes, cuando la realidad es que menos de la mitad de estos realmente pagan impuestos.

Ya casi se termina julio, en breve veremos el Paquete Económico 2016 que enviará el Ejecutivo Federal al Legislativo. Esperemos que sea un documento serio y responsable en toda la extensión de la palabra, ya que vienen tiempos muy complicados para México aunque haya quienes no lo quieran ver.

Director General GAEAP.

alejandro@gaeap.com

www.gaeap.com

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