Opinión

La psicoterapia no es pop

       
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Psicoterapia. (Shutterstock)

La psicología pop propone la muerte del psicoanálisis y de la psicoterapia psicodinámica, porque el pop encuentra su esencia en la moda, que es sobre todo fugaz: lo que hace 4 años era la panacea hoy ya no lo es. Consteladores familiares, psicólogos Gestalt, coaches, escritores de libros de autoayuda, ofrecen una solución dogmática para curar las heridas de infancia, para ayudar a las mujeres a dejar de tener “hambre de hombre” o para superar duelos en 5 pasos.

Quizá no vende ni es ligero hablar de un duelo insuperable, o tampoco es agradable pensar que cambiar rasgos del carácter toma tiempo y análisis de muchos fragmentos de la vida en los que se manifiesta nuestra forma de ser.

Quizá los detractores del psicoanálisis lo son por ignorancia, porque hay un mundo de teoría y clínica que han renovado las teorías originales de Freud, que siguen siendo básicas en la formación de un terapeuta, pero que necesitaban actualización para dar lugar a una teoría y una práctica analítica mucho más congruente con el momento presente.

La posmodernidad y el psicoanálisis no están peleados. Quizá el posmodernismo nihilista, que afirma que el terapeuta jamás tiene la razón y que es imposible hablar de objetividad, sí sea incompatible con la idea de la terapia, como un lugar en el que las personas pueden encontrar un criterio valioso, que no es de ningún modo indiscutible, pero que si está basado en una cierta objetividad, siempre acotada por la subjetividad.

“El pensamiento posmoderno radical o escéptico subraya el lado oscuro, la muerte del sujeto, la desaparición o muerte del autor del texto, la inexistencia de la verdad o la imposibilidad de encontrarla, la radical incertidumbre y el carácter destructivo del pensamiento moderno” (La relación paciente-terapeuta, J.Coderch, Herder, 2012).

En una terapia profesional, el terapeuta no dará cátedra ni interpretaciones inapelables ni se erigirá en una figura de autoridad a la que hay que creerle todo sin reflexionar.

Quienes seguimos estudiando, sabemos que la importancia de la relación entre el paciente y el analista es fundamental. También que las realidades de las que hablamos son convenciones sociales establecidas mediante el lenguaje, así como la existencia de múltiples yoes, que se despliegan en distintas situaciones.

Somos uno, en el sentido de que una historia de vida nos acompaña, pero también muchos, porque cambiamos dependiendo de los contextos en los que nos relacionamos.

Sin embargo, no hemos abandonado la búsqueda de la verdad, aunque no se pueda acceder del todo a ella. Y también reconocemos la ética y el hecho incontrovertible de que algunas elecciones son moralmente superiores a otras. No todos los actos son lo mismo, ni valen lo mismo ni tienen las mismas consecuencias. Los terapeutas que le dan por su lado a los pacientes, son incapaces de confrontarlos y ayudarlos a analizar sus elecciones. La subjetividad humana está en juego en la terapia, pero la ética no.

Los terapeutas profesionales saben que ya no hablamos con los pacientes de “estructuras y pulsiones” y que lo que ahora intentamos es entender las razones de acciones específicas: Porqué y para qué alguien hace, siente y piensa de un modo particular.

El encuentro terapéutico, dice Shaffer, es “una performance narrativa”, porque los consultantes hablan de historias acerca de ellos mismos y de los otros. La terapia es un acto narrativo y lo que el analista interprete, es solo una entre las numerosas explicaciones que podrían ser dadas. Terapeuta y consultante construyen nuevas historias para el futuro. Mejorar puede describirse como cambiar el discurso.

“El terapeuta va perdiendo su papel de experto y es ahora un coparticipante al mismo nivel que el paciente”. Por eso los mesías de la autoayuda le hacen daño a nuestra profesión. Porque vienen sin pudor a decirnos cómo vivir en 10 pasos o lecciones o módulos, olvidando que cualquier transformación psíquica está basada en una relación específica y no en un sermón lleno de generalizaciones apresuradas que le habla a una masa no pensante y hambrienta de recetas para vivir.

El terapeuta puede y debe estar en desacuerdo con su paciente. El paciente puede y debe estar en desacuerdo con su terapeuta. Solo así es posible descubrir algo nuevo.

La fantasía y la realidad no son lo mismo. Distinguirlas es uno de los principales objetivos de la terapia psicodinámica o psicoanalítica. Dejar que el paciente viva lejos de la realidad, porque ahí está contento, va en contra de los principios del trabajo terapéutico.

El proceso analítico es una negociación, una aventura solidaria basada en la comprensión y en el intento de llegar a criterios comunes que le sirvan al paciente para vivir mejor.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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