Opinión

La prueba de la paciencia de México: el estancamiento

 
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INDUSTRIA AUTOMOTRIZ

En fechas recientes diversos anuncios relacionados con la economía han 'ganado' los titulares de los medios de comunicación e intentado crear una atmósfera de tranquilidad, eficiencia y buen rumbo de la economía mexicana.

El Secretario de Hacienda nos ha recetado la noticia de que el año próximo habrá un nuevo recorte presupuestal pero que no habrá que preocuparse porque con la eficiente y mágica aplicación del Presupuesto Base Cero vamos a seguir hacienda más con menos. Los mexicanos sabrán que sus autoridades hacendarias son capaces de eficientar el gasto y que a pesar de la pobreza, la desigualdad y los retrasos en educación, ciencia y tecnología, por mencionar algunos, la economía va a crecer alrededor de tres por ciento y nadie debe preocuparse.

Por otra parte, el flamante gobernador del Banco de México también nos asegura que debido a las millonarias reservas monetarias que tiene bajo su custodia la institución que dirige, la economía mexicana es capaz de resistir cualquier embate especulativo que pueda afectar, por ejemplo, la estabilidad de la tasa cambiaria, principalmente en relación con el dólar. Y lo más interesante es que, salvo las críticas esperadas de los especialistas y opositores, la sociedad mexicana no repara en estos temas, lo que hace suponer que está convencida de la verdad y bondad de las promesas.

Uno que ya ha vivido varias décadas en conciencia acerca de lo que anuncian las altas autoridades de la política pública mexicana relacionada con la economía sabe que anuncios semejantes se han hecho antes y que las promesas, en general, han resultado incumplidas. Pero lo más importante es no sólo el incumplimiento sino la profundización de tendencias negativas de los asuntos que prometían remediar.

Pero tal vez lo más importante e interesante es analizar cómo la sociedad mexicana ha tolerado, y lo sigue hacienda, el atraso secular al que ha sido sometida por sus gobernantes, y vale la pena mencionarlo a pesar que el signo ideológico haya finalmente cambiado. Ni el PRI, ni el PAN, y ni siquiera el PRD, aunque sólo ha gobernado a escala estatal y municipal, han significado un cambio sustantivo de rumbo.

Desde 1982 la economía mexicana ha estado sumida en el atraso y en el estancamiento y no ha pasado casi nada, en lo social. La raza de bronce resiste, salvo casos especiales. No hay en México un clima social de agitación en contra de las decisiones de los gobiernos que han aplicado recetas muy malas para hacer avanzar a la economía, a la sociedad. Por el contrario, y si no, ya veremos lo que ocurre con las políticas recientemente aprobadas que llevaron a México a su 'momento'.

Examinemos algunas cifras. En lo que se refiere a la tasa de crecimiento del PIB de 1980 a 2013, éste se ha comportado básicamente de modo mediocre, y en algunos años ha crecido fuerte para casi inmediatamente retroceder de manera importante. Una suerte de aceleramiento y desaceleramiento continúo. Arranca para detenerse casi inmediatamente. Como muchos lo han señalado, México necesita un crecimiento alto y sostenido del PIB si, en verdad, el propósito es darle empleo digno a la población, erradicar de manera estructural la pobreza y avanzar, aunque sea un poco, en cerrar la brecha de la desigualdad.

En lo que toca a la inversión, medida por el capital bruto fijo y relativizado como porcentaje del PIB, los números son muy mediocres. En el periodo 1993-2014 apenas ha alcanzado 17 por ciento como porcentaje del PIB, cuando necesitamos, por lo menos, que sea de 25 por ciento. Sin inversión es imposible pensar en los niveles de crecimiento requerido, es decir de 5.0 por ciento y más. Esta cifra da para mantener el statu quo, que es inaceptable.

Otro indicador de atraso y estancamiento es la medición de la pobreza. En sus tres dimensiones: la alimentaria, de capacidades y de patrimonio, los números son desalentadores. A pesar de las multimillonarias sumas invertidas en la política social, las disminuciones logras son marginales e incluso como en el caso de la alimentaria, muestran repuntes indeseables. Pareciera que la política social ha servido sólo para contener, nunca para remediar. Y en efecto, nunca lo logrará mientras el crecimiento no ocurra y se acompañe de una política de justicia social y económica. Se puede afirmar que la política social ha sido la peor asignación de recursos que México ha hecho en los últimos cuarenta años. México tiene un ejército de pobres a los que se les otorgan migajas y se les manipula políticamente, particularmente en coyunturas electorales. Son el ejército de la dependencia de una ideología que los preserva, no los redime.

Y lo anterior se comprueba con la tasa de crecimiento del empleo. México crea muy pocos empleos, muy pocos. Su economía está sometida a ciclos comerciales que dependen del exterior, que determinan el crecimiento o decrecimiento de la escomía y, por tanto, de la creación de empleos. Y los pocos empleos son de mala calidad y de baja remuneración. Véanse los datos del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados.

Y si no hay empleo y sí pobreza y marginación, entonces hay que buscar otros rumbos y la migración ofrece esos senderos. México se ha convertido en un país de migrantes por pobreza, por desempleo. Los datos de Conapo así lo demuestran, excepto en los últimos años en los que la tasa de crecimiento de la migración se ha tornado negativa, resultado de las difíciles condiciones que hay que satisfacer para poder cruzar la frontera norteña. Estados Unidos ha endurecido, y mucho, la posibilidad de éxito de los migrantes. Así que se han tenido que quedar pobres y excluidos en una economía estancada.

Pero, nuevamente, pasa muy poco. Cuarenta años de estancamiento son muchos y han sido duros; y una alternativa no se ha podido instaurar por la vía democrática. Los mexicanos siguen instalando en el poder a sus verdugos y muy probablemente en las próximas elecciones repitan el ejercicio. Qué ironía, qué contradicción. Así es la historia.

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