Opinión

La primera dama

 
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Angélica Rivera. (Cuartoscuro)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés reconoció la verdad: La primera dama ha vuelto a ser, como antaño, imagen y soporte de la sección de sociales. Gil leyó con los ojos de plato la edición mexicana de la revista ¡Hola! y, en especial, la cobertura de 21 páginas dedicadas a Angélica Rivera, esposa del presidente Peña Nieto, durante su visita oficial al Reino Unido. Gilga dice leer y es un decir, la revista de marras (sí, gran palabra) está escrita como Dios les da a entender, y les da a entender muy poco y muy mal. Sus artículos, o como se llamen los engendros que imprimen, son auténticas refriegas con la gramática.

Ricas y famosas

Si alguien representa a un país y aparece en las páginas de sociales, las imágenes suelen ser menos banales y más ofensivas: “El esplendor de la Corte Británica al servicio de sus invitados, Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera”, dice la revista. 21 páginas, ¿no es un poco demasiado?

Oigan esto por piedad: “Para la ceremonia de bienvenida, organizada por la Soberana, Angélica Rivera hizo un guiño a la moda británica y lució un favorecedor vestido-abrigo blanco, de Alexander Mcqueen, una de las firmas favoritas de la Duquesa de Cambridge”. Un guiño fantástico, no se esperaba menos de la primera dama, México y Gil se enorgullecen del vestido-abrigo blanco de Angélica Rivera.

Caracho, no somos nada. Los encargados de la imagen de la pareja presidencial permiten que se le dediquen 21 planas en la revista ¡Hola! en plena crisis de indignación contra su gobierno. Gran estrategia, eso que ni qué, lo que sea de cada quién.

Las fotografías, una tras otra, muestran a la primera dama sonriendo en un almuerzo en el palacio de Buckingham, cerca del príncipe Carlos de Inglaterra, la corte inglesa impresa a todo color. La riqueza exhibida luce mucho más, diría el filósofo, que la que se oculta; la fama viene seguida por la elegancia. Ah, les beaux tours.

En la corte

La imagen de la primera dama: un vestido, la corte inglesa y el príncipe Carlos. Gil considera que esas páginas de la revista ¡Hola! no son el mejor antídoto para un ambiente crispado, ni la mejor poción para contrarrestar el malestar nacional contra la pareja presidencial y los no pocos problemas que enfrenta la presidencia de la República. ¿Estamos locos?

Como antaño, los vestidos y las modistas, las telas del Oriente, la guardarropía, las joyas y, sobre todo, la exhibición pública de la riqueza. Gilga no recuerda algo así en muchos sexenios. El disimulo, al menos, conviene a la República.

Sara Sefchovich, autora de Las primeras damas, daría detalles a granel, pero la verdad es que Gilga no recuerda una exhibición en páginas de sociales de este tamaño. Paloma Cordero de De la Madrid no compraba vestuarios de grandes modistos para mostrarlos en revistas cursis del corazón; Cecilia Ocelli, la primera esposa de Carlos Salinas, no mostraba sus aspiraciones en hojas de sociales; Nilda Patricia Velasco de Zedillo aparecía muy poco en público; Marta Sahagún se cuece aparte, sí aparecía y soñó incluso con ser candidata a la presidencia de México, pero incluso ella evadió las 21 páginas; Margarita Zavala, ni se diga, primera dama más austera y discreta no hubo en muchos sexenios. ¿Entonces qué ha ocurrido? Se pregunta Gil con los dedos índice y pulgar en el nacimiento de la nariz.

Gamés caminó sobre la duela de cedro blanco y al llegar frente al escritorio de finas maderas abrió un cajón, de él sacó un frasco y lo abrió para que la esencia de la opulencia (encia-encia) invadiera el ambiente sin piedad. Ah, gran fragancia.

Y ahí tenemos a la primera dama de la nación, muy cerca del “selecto club de amigas de Tatiana Santo Domingo, la nueva millonaria en la lista de Forbes”, a un lado de la periodista Beatrice Borromeo, “la periodista de éxito de la corte Grimaldi”. Ya entrados en gastos y en ahorros, a Gil le gustaría llamarse Gil Borromeo Gamés. En fon.

Por cierto, la revista ¡Hola! México SA tiene directora, se llama Mamen Sánchez Pérez, y una directora adjunta, Mercedes Sánchez Pérez. ¡Oh, no! Unas Sánchez Pérez en el periodismo elegante, mon Dieu! Si al menos hubiera una Blanchet, o una Eclestone, en fon. Todo es muy raro.

La máxima de Carlos Monsiváis espetó en el ático de las frases célebres: “La página de sociales es una meditada insolencia”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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