Opinión

La polémica sobre encuestas y economía

 
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El pasado 18 de mayo preguntaba en este espacio: ¿por qué el PRI va adelante en las encuestas?

Como hipótesis, presenté cifras que me hacen pensar que la evolución de la situación económica puede ser uno de los factores que expliquen esa intención de voto, debido al crecimiento del empleo, salario real, y a la baja de diversos precios y tarifas.

Desde entonces, he leído y recibido diversas respuestas y comentarios, públicos y privados, respecto a este argumento, que afortunadamente propició reflexión y controversia.

Creo que puede ser de su interés referirme a las objeciones más usuales.

1.- “La situación económica no es determinante de la intención del voto”. No dudo que haya factores diferentes a los temas económicos que influyan en la votación. Simplemente me parece que una mejoría en los ingresos de las familias puede ser un elemento que pese a la hora de emitir el sufragio. No tengo duda de que factores muy estudiados como la identificación partidista jueguen de manera relevante. Creo que no podemos pasar por alto la situación económica.

2.- “La economía está muy mal, por lo que no puede jugar a favor del partido en el gobierno”. Es claro que hay un problema de percepción, que se aprecia en el hecho de que el índice de confianza del consumidor de abril (el último disponible) se ubique 7.9 por ciento por abajo del nivel de diciembre de 2012. Aunque del otro lado, la masa salarial real creció 9.6 por ciento real desde entonces. Es cierto, la economía puede jugar a favor, pero su percepción, en contra.

3.- “Las encuestas mienten, ya ven lo que pasó en el Reino Unido o en México en 2012”. Hay momentos en los cuales las encuestas pierden precisión. Es muy conocido el caso de Nicaragua y el “voto escondido” de 1990, en el que las encuestas anticipaban el triunfo de los sandinistas y ganó Violeta Chamorro. Es factible también que –como se supone ocurrió en el Reino Unido– haya mucha gente que decide su voto a última hora y esa intención no es captada por las encuestas. Otra posibilidad es que el porcentaje de personas que declinen participar en las encuestas sea tan alto que la muestra que finalmente se capta pierda representatividad.

Es un hecho de que las encuestas tienen inherentemente riesgo de imprecisión, tanto el estadístico, que es calculable, como el que deriva de no medir correctamente. Pese a esos riesgos, siguen siendo uno de los mejores instrumentos de investigación social y electoral. Por eso se siguen usando de modo muy amplio, porque bien hechas, reflejan correctamente opiniones y preferencias. Una gran parte de la estadística económica depende de ellas.

Sobre la base de experiencias previas, creo que cuando hay márgenes amplios, como por ejemplo en las intenciones de voto a nivel nacional, tienden a ser correctas al menos en el orden de las preferencias.

A mí me parece que la conexión entre un probable resultado favorable al PRI y una situación económica en la que ha repuntado el mercado interno en este semestre, no es algo que de entrada pueda descartarse.

Twitter: @E_Q_

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