Opinión

La poca significativa reforma política

Se acaba de aprobar la reforma política pero una parte de los ciudadanos estamos decepcionados.

Los subsidios a los partidos siguen siendo altísimos y deformantes, el número de diputados y senadores es el mismo, y yo no veo claro por qué la centralización de procesos por el nuevo INE nos va a garantizar una mejor democracia. Es cierto que en los Estados hay muchas tranzas de los gobernadores pero, a nivel federal, sólo el IFE dirigido por Goldenberg tuvo credibilidad; todos los demás han sido enormemente cuestionados.

Lo peor ha sido la eliminación en la práctica, de las candidaturas independientes. Los requisitos son imposibles de cubrir. Es cierto que se aclara el juego entre partidos, pero los ciudadanos seguimos siendo marginados del proceso.

Los partidos, que deberían ser la expresión política de la ciudadanía en materia política, se han convertido en dominios de grupos oligárquicos que buscan el poder y el dinero y que pretenden lograrlo por medio del control y la compra de los ciudadanos. Un mundo al revés. Es un triunfo de la partidocracia y no de la democracia.

Tenemos una partidocracia con algunas características importantes:

1. Presencia de muchos políticos ineptos e inexpertos y con fuerte grado de corrupción.

2. Una clase política incapaz e inmerecida.

3. El hecho de que elementos surgidos de las clases medias y dotados de una fuerte ambición, busquen el poder. Por una parte, se encuentra un grupo (grupos bancarios financieros, grupos pudientes de radio y TV, grupos ligados a multinacionales mexicanas y extranjeras) que se entremezclan con el poder para obtener fuentes de poder y de legitimidad. Por la otra, un grupo que busca tomar legitimidad con base en una relación (no siempre muy clara) con el pueblo en general y la fuerza que éste último tiene, proveniente del ejercicio del derecho de voto y de la movilización callejera, pero que se busca atraer por medio de mil mecanismos de compra del voto.

4. La búsqueda de la riqueza que se reparte por medio del Estado es actualmente el objetivo principal de casi todos. La búsqueda de poder y el dinero asociado es el objetivo de la casi totalidad de nuestra clase política. El conflicto tiende más a alimentarse del enfrentamiento mismo, que de ideas o de proyectos de y para el país. El PAN dice basarse en ideas católicas, pero éstas hoy son dominadas por el mercado y el dinero. Si volviesen a las encíclicas Rerum Novarum de León XIII y el Trabajo Humano de Juan Pablo II, habría elementos ideológicos que podrían conducir a un acuerdo, ya que en la última Encíclica se dice: “El capital está hecho para el trabajo y no el trabajo para el capital” y, luego se agrega, “La propiedad privada, en la doctrina más tradicional de la Iglesia, no es jamás un absoluto ni un derecho intangible.”

Otro tanto se podría decir del PRI y del PRD e incluso de muchos de los que hoy aspiran a convertirse en partidos políticos.

Los puestos (¿deberíamos decir los “huesos”?) nunca son suficientes para los “amigos”, los compromisos políticos y para los grupos de presión.

México es un país donde, tanto en lo social como en lo político, se configura por un conjunto de micro redes, cada una de ellas centralizadas por un “líder” o “cacique”, según la denominación antigua y quizás más realista. Cada una de estas pequeñas redes que se articulan alrededor de un jefe, luego se articulan alrededor de un nuevo jefe en un conjunto más amplio; diversos conjuntos se integran en macro redes lideradas por otro jefe o cacique. Lo importante a tomar en cuenta es que las conexiones de individuos, micro redes, o redes de nivel superior, no son únicas ni fijas. Un individuo, micro red o conjunto de micro redes, puede estar integrado a una o varias redes al mismo tiempo. Las relaciones de lealtad a cada nivel de las redes pueden ser fuertes, débiles o simplemente pueden marcar la existencia de una vieja relación que se puede reanudar en cualquier momento.

Se forma así, una especie de cartografía de redes de geometría variable y con cambios de dimensión continuos.

Para operar estas redes se necesita un conocimiento complejo y nada sencillo de operar. Una de las causas por las que el PRI dominó tanto tiempo fue porque manejaba un importante conjunto de macro redes y tenía los cuadros o caciques con el conocimiento para manejarlas.

El principal problema es que el aglutinamiento de estas redes que hoy llamamos partidos, actúa en función de los intereses de estos líderes o caciques y no atendiendo al interés nacional. Tenemos una “partidocracia” y aún no una democracia.

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