Opinión

¿La patria puede esperar?

   
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Manlio Fabio Beltrones (PRI)

Qué interesante lo de Manlio Fabio Beltrones. ¿Viste su discurso? Ya quisiera Nuño esos giros verbales, esa manera de plantarse en la adversidad, esa prestancia. Qué digo Nuño, ya quisiera Osorio, o Videgaray, o el mismísimo Peña Nieto. Casi cuatro años y ni un discurso memorable de los Atlacomulco boys; en cambio, el dinosaurio mayor triunfa en Persicope. Insurgentes norte en vivo, ¡igualen eso novatos! Experto en resurrecciones, Manlio anuncia que se va para quedarse. Se puso rebueno lo del PRI, ora sí a ver de qué cuero salen más correas: del presidente que cree que todavía gobierna hasta en su partido, o de los priistas que ya no saben para qué querían la sana cercanía con un mandatario que no abre el juego, que no incluye, que no decide, que no prioriza, que no sabe dejarse acompañar en temas polémicos, como matrimonio gay, ni en temas torales, como la corrupción y algunos campeones tricolores de la misma. El PRI ya no sabe qué hacer con su presidente. Hagan sus apuestas señores.

¿Y qué tal lo del PRD? La tercera renuncia de Basave fue la buena. Claro que ya se esperaba. Claro que ya se veía que no duraría. Claro que nunca nadie se supo bien a bien para qué llegó. Porque el PRD está enfermo de otra cosa, está más emproblemado que un ejido malavenido. Agustín intentó un arreglo entre gente que ya no cabe en la misma casa, gente condenada a la cohabitación porque si se separan automáticamente desaparecen. La izquierda sin candidatos y sin banderas. La izquierda que le ruega y le ruega a Mancera. La izquierda que no encuentra el camino de retorno a causa alguna que no sea la de ganar elecciones para ganar elecciones para ganar elecciones. Seguro pronto Basave entregará su libro-memoria sobre el PRD. Como seguro es que el PRD perderá de nuevo la oportunidad de hacer una revisión a fondo, ganará (es un decir) el acuerdo de las tribus. Que cambie la cúpula para que en la base todo siga igual. Así, el PRD no desaparecerá, pero padecerá lo que todo actor que no se da cuenta de que su tiempo pasó y no supo cambiar: cada vez aceptará papeles más modestos… o humillantes.

Pero nada más interesante que ese festejo hueco llamado Partido Acción Nacional. Ni ellos saben por qué ganaron. Y peor, parece que tampoco saben para qué ganaron. Astuto, Ricardo Anaya entiende que los ciclos informativos son para treparse en ellos. Coronó la noche electoral con una arrastrada televisiva a Manlio. Supo encarnar el triunfo que labraron entre muchos, muchos no necesariamente coordinados por él. Pero, ¿sabrá Anaya convertirse en un verdadero líder, uno que use la fuerza para agrupar a los suyos antes que para someterlos? ¿Sabrá ver que por fin al PAN se le alinearon los incentivos para la unidad, pero que le toca a él conducirla sin necesariamente sacarle provecho para sí mismo? ¿Quiere ser entrenador o delantero? ¿Quiere pasar a la historia como alguien que rescató a un partido y lo llevó a un segundo aire, o como alguien que sólo quería ser presidente?

¿Y Morena? Sssshh, que AMLO ya viene, ssshh. Que ganó con la CNTE. Ssshh.

Gran momento para los partidos, el único problema será (eventualmente) saber qué sigue para los problemas del país cuando dejemos de estar en la grilla y volteemos a ver nuestra enrarecida realidad.

Porque el verano caliente del sureste mexicano se alimenta del ensimismamiento de los partidos políticos más importantes.

Qué entretenido es ver a los partidos, la patria qué, esa puede esperar.

Twitter: @SalCamarena

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