Opinión

La OMC: consecuencias de la tiranía del consenso

17 diciembre 2015 5:0
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[Los nuevos acuerdos de la OMC permitirían simplificar los procesos aduaneros de todo el mundo. / Bloomberg] 

Desde el martes 15 de diciembre hasta mañana se lleva a cabo en Kenia la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), encuentro histórico porque se trata de la primera vez que se realiza en África –donde se encuentra el número mayor de miembros de la organización (43) –, pero del que no hay ninguna expectativa. Esta conferencia se realiza cada dos años y reúne a los 162 miembros de la organización. Su objetivo principal es completar las negociaciones de la Ronda de Doha, uno de cuyos propósitos es acabar con las prácticas desleales, como exportar productos agrícolas a precios más bajos que los de producción.

La agenda de Doha, iniciada en 2001, tiene un enfoque desarrollista, sin embargo en 14 años no ha logrado grandes avances para los países en desarrollo en los temas de reducir los subsidios a la agricultura y acceder a los mercados de países desarrollados. Desde el logro, hace dos años, del acuerdo de facilitación comercial, que busca reducir trámites burocráticos y agilizar el cruce de productos en puertos, aduanas y fronteras, la OMC no ha logrado avances en la liberalización comercial. Antes de la reunión en Kenia, los negociadores en Ginebra no alcanzaron un acuerdo sobre un borrador de declaración para los ministros, quienes llegaron a Nairobi sin que hubiera un documento listo para aprobarse. No hay un piso común sobre el cual hacerlo. Estados Unidos, Japón y la Unión Europea quieren dejar atrás la Ronda de Doha y negociar acuerdos sobre una nueva base. Esto sería un grave retroceso: Doha es del mayor interés de los países en desarrollo que exportan productos agrícolas o que necesitan trato preferencial para sus productos.

Las medidas proteccionistas aumentan la incertidumbre de la economía mundial. En el último año, los precios de las materias primas han caído en los mercados internacionales; mientras que Estados Unidos y la Unión Europea ofrecen subsidios generosos a sus respectivas agroindustrias, los países en desarrollo no están en condiciones de hacerlo. Estados Unidos insiste que algunos de estos países, como China, India y Brasil, ya tienen altos subsidios agrícolas y no deberían de tener ningún trato preferencial. La falta de flexibilidad de las dos partes para llegar a un acuerdo tiene repercusiones para los miembros más pobres de la organización, por ejemplo varios países africanos cuyos campesinos apenas rebasan la producción de subsistencia.

La OMC se encuentra en crisis: empieza a caer en la irrelevancia. Los países y uniones aduaneras miembros prefieren negociar con grupos que les resultan más afines. El resultado es que proliferen tratados de libre comercio, bilaterales, regionales o “megaregionales”, como el TPP con 12 países de la cuenca del Pacífico. Pero hay temas comerciales que sólo se pueden negociar de manera multilateral y no en un tratado de libre comercio, como acabar con los subsidios internos. La OMC es un árbitro muy útil en la solución de controversias y en la negociación de temas concretos.

Negociar temas controvertidos en foros multilaterales suele requerir paciencia y resistencia. Tenemos un ejemplo reciente: los avances en la agenda ambiental internacional. Apenas el 12 de diciembre de 2015, después de dos semanas de negociaciones intensas entre países desarrollados y en desarrollo, 195 países adoptaron en la COP21 el acuerdo de París. Nos da esperanza ver que los atolladeros más profundos pueden resolverse con voluntad política y con la capacidad de flexibilizar posiciones.

México tiene responsabilidades en el futuro de la OMC porque es un país comprometido con el libre comercio, que puede facilitar las negociaciones entre los países desarrollados y emergentes. Como fue parte de la experiencia en la COP16 de Cancún, el consenso no debería suponer automáticamente unanimidad: no es una práctica deseable que un miembro ejerza su derecho de veto sobre la voluntad de la mayoría. Es urgente retomar el camino hacia un sistema mundial de comercio integrado, donde participen y se beneficien todos los países, especialmente los más rezagados. La OMC tiene grandes desafíos para adaptarse a un mundo crecientemente integrado y afirmar su relevancia.

Twitter: @lourdesarandab

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