Opinión

La nueva crisis global que se acerca

Hace varios meses advertí en esta columna sobre la formación de nubes grises y negras en el horizonte de la economía global, que presagiaban una nueva crisis global en el mediano plazo. La situación política en Ucrania y Rusia, en Venezuela y Argentina, el menor crecimiento en China, la continuación de la crisis en la zona del euro y la propagación del ébola son sólo algunos de los elementos que tendrían un impacto negativo en los mercados internacionales.

Lo anterior, sumado al cambio en la política monetaria en Estados Unidos (para evitar la inflación), que tendría lugar en octubre y que se anunció con toda anticipación, presagiaban una mayor volatilidad en las tasas internacionales de interés, en el precio de las materias primas, en los energéticos y en los tipos de cambio de los países emergentes.

Una de las principales causas de este deterioro es el sobreendeudamiento de las distintas economías y familias, lo cual no está siendo enfrentado por los distintos gobiernos. Son numerosos los deudores que no pueden cumplir con el pago de sus compromisos, pero las bajas tasas de interés ocultan este hecho. Sin embargo, en el momento en que las tasas se eleven o se frenen las economías, se hará más obvio este problema. Los distintos gobiernos han enfrentado en distinta medida el problema por medio de expansión monetaria, lo cual no es una solución permanente, sino sólo un paliativo de corto plazo y se puede agravar este desequilibrio. Hay que definir quién va a absorber el costo de esta deuda, ya sean los acreedores, los accionistas de los bancos, los consumidores y las empresas con más impuestos o con más inflación. En el fondo es una falacia decir que lo van a pagar los gobiernos porque los mismos no crean riqueza, sino cobran impuestos y al final el costo lo transfieren a alguien más.

Mencioné como recomendación que los países emergentes deberían seguir dos estrategias para poder enfrentar el creciente deterioro en el entorno internacional: mantener un equilibrio fiscal para evitar las presiones futuras en los mercados financieros globales, lo cual les evitaría incrementar su deuda en condiciones adversas; y seguir políticas de crecimiento económicas no basadas en mayor gasto público, sino en desregulación y creación de empleos, incremento en la inversión, menores impuestos y en general una estrategia multisectorial y decida de apoyo a las inversiones tanto públicas como privadas.

La situación actual en el entorno global ha continuado deteriorándose desde entonces, ya que las principales economías tienen problemas para sostener su crecimiento. Esto ha propiciado una reducción en la demanda global de materias primas y petróleo, lo que se refleja en bajas de sus precios. Además, el fuerte incremento en la producción de petróleo y de gas en Estados Unidos de los últimos años –que lo ha convertido en el principal productor mundial con 12.9 millones de barriles de petróleo diarios– presiona los precios a la baja aún más. Esta situación está perjudicando a los productores de petróleo como Rusia, Venezuela y México, quienes tendrán un impacto en sus ingresos fiscales. La situación de nuestro país se agrava porque continúa bajando la producción de petróleo.

En resumen, los ajustes globales no han terminado por el problema de excesiva deuda de los gobiernos y los particulares. Esto todavía tardará varios años más, lo que se reflejará en volatilidad de los distintos mercados.