Opinión

La NSA también espió a Barack Obama, revela Russ Tice


 
La orwelliana Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos espió --al menos en 2004-- a Barack Obama, entonces un joven y prometedor político que representaba a Illinois en el Senado, y eso no lo acaba de revelar Peter Snowden desde su escondite en algún lugar de Rusia, sino Russell D. Tice, otro "analista" del aparato de inteligencia norteamericano que decidió exponer sus alcances.
Sin llamar mucho la atención fuera de EU, ya que el mundo está concentrado en el cada vez más incierto destino de Snowden, Tice, quien trabajó durante veinte años para la ominosa "comunidad de inteligencia", fue entrevistado la semana pasada por Sibel Edmonds en su programa de radio Boiling Frogs Show, donde afirmó que "en el verano de 2004, uno de los documentos que tuve en la mano era para intervenir un montón de números relacionados con un senador cuarentón de Illinois. ¿No te imaginas dónde vive ese tipo ahora? Es una gran casa blanca en Washington. Es sobre quien andaba la NSA; ahora es el presidente de Estados Unidos".
Nacido en 1961, Tice, detallan Reason y Business Insider, fue empleado de la Fuerza Aérea, la Oficina de Inteligencia Naval y la Agencia de Inteligencia de Defensa. Desarrolló operaciones en Kosovo, Irak y Afganistán y se desempeñó en la NSA hasta 2005, cuando rompió el secreto y difundió, a través de The New York TImes, el plan de escuchas sin orden judicial del régimen Bush, acción que llevaría a su presunto acotamiento mediante cambios a la ley de vigilancia del espionaje exterior que Obama apoyó en 2008, quizá sin saber hasta qué grado su teléfono fue intervenido.
Ante los micrófonos de Edmonds, por cierto exfuncionario de la FBI que alienta la transparencia en la "comunidad", Tice agregó que también vio órdenes de espionaje contra Hillary Clinton, los senadores John McCain y Diane Feinstein, hoy dos de los legisladores que consideran "traidor" a Snowden, el entonces canciller Colin Powell y un juez de la Suprema Corte todavía en activo.
 
Nadie escapa
 
Manifestó que "el abuso es rampante y todos pretenden que nunca ocurrió y que no podría pasar. Sé que ocurrió porque tuve en mis manos esos papeles: iban sobre militares de alto rango, miembros del Congreso --especialmente en los comités de inteligencia y de servicios armados--, abogados, despachos, jueces, funcionarios del Departamento de Estado, parte de la Casa Blanca, compañías multinacionales, firmas financieras, organismos no gubernamentales, grupos de derechos civiles".
Despedido en 2005 por la NSA, tras lanzar una infructuosa batalla interna para denunciar sus excesos totalitarios, Tice fue ignorado por el Capitolio y se convirtió en blanco de una campaña de desprestigio por parte de los locutores de ultraderecha, como Rush Limbaugh y Bill O'Reilly, quienes pidieron su encarcelamiento. Su caso, por supuesto, contrasta con el de Snowden y el de otros tres antiguos colegas de la NSA, Tom Drake, J. Kirk Wiebe y Bill Binney, quienes reportaron al inspector general del Pentágono y al Congreso el malgasto y la ineficiencia del programa multimillonario Traiblazer de la NSA, así como el diseño de otro, denominado Stellar Wind, concebido para pasar por encima de los candados constitucionales que prohiben la adquisición y almacenamiento de datos de la ciudadanía.
 
Mientras que a Tice se le condenó a la marginación y al ostracismo --el inspector general de la NSA aseguró que no encontró "evidencias para respaldar sus reclamos"--, Wiebe y Binney, con una larga y brillante carrera en la agencia, fueron víctimas del acoso de la FBI y se les amenazó con cadena perpetua (Drake fue incluso enjuiciado). Es por ello que ahora entienden y apoyan el camino que decidió seguir Snowden al volar a Hong Kong, tras entregar a The Guardian y The Washington Post los archivos que documentan el espionaje angloestadounidense en las comunicaciones telefónicas y cibernéticas. El tema es amplio y complejo; lo abordaremos mañana.