Opinión

La noche dentro la noche

 
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Ernesto Ruffo. (Cuartoscuro)

Mientras leía su periódico Reforma, Gil recordó el dicho: el que no quiera ver noches, que no salga con fantasmas; o bien al revés, el que no quiera ver fantasmas, que no salga de noche. Da igual. Dos grabaciones envuelven en una noche a dos fantasmas: Ernesto Ruffo y Ricardo Anaya. Del senador Ruffo, Ricardo Anaya -joven prodigio del PAN- ha dicho: “Su presencia me compromete de manera profunda”. Muy profunda, añade Gilga, pues dos semanas después, informa su periódico Reforma, el legislador Ruffo se convertiría en gestor de Anaya y pediría abiertamente el apoyo financiero del gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, para la campaña por la presidencia del PAN.

La trascripción dice así: Ruffo: “Vamos a ir a Sonora con Ricardo Anaya. Vamos a hacer un recorrido por ahí y a ver si podemos verte y saludarte, y para ver unos temas importantes porque después de que entregues, por ahí van a venir algunos catorrazos y pues hay que tratar de apoyarte, auxiliarte, gobernador”. Padrés: “No pues te estoy agradecido con el alma. Estoy a tu disposición aquí mañana, o allá si quieren”. Dicen quienes lo vieron y no saben mentir que el gobernador tenía la garganta muy abultada, la voz entrecortada y jadeante. Cuando los políticos hablan con letras de boleros, la cosa tiene que ver con dinero: con el alma; abrázame hermano; no me olvido de tu generoso corazón, y así hasta el maletín relleno de fajos de billetes o incluso hasta la transferencia electrónica.

Gasto corriente
Gamés se disfraza de maestro de ceremonias: Con ustedes, la partidocracia mexicana, el dinero a puños democráticos, la honestidad a toda prueba del joven prodigio del PAN. Oigan a Ruffo: “Traemos ahí una información importante y pues no quisiera, digo… No es que quisiera preocupar, pero si hubiera algunas detenciones, o algo, quisiera pues de una vez cuidarte y apoyarte”. Ajúa, que bonito es lo bonito, gritó Gil en el amplísimo estudio. Padrés: “No, pues te lo voy a agradecer en el alma. Sí, lo necesito”. Ruffo: “Gobernador, oye, ayúdanos. Traemos ahí el gasto corriente de la campaña de Ricardo para Sonora”. Padrés: “Ah, no te preocupes”. Qué bonita familia, diría el clásico. Y sí, vaya que el gobernador de Sonora necesita ayuda, como diría el extinto padre de Gilga: está en el lomo de un venado.

Si Gil ha entendido algo, cosa improbable, hubo una época en la cual lo que ha dicho y hecho Ruffo tenía un nombre: vender protección. Mientras el joven Anaya se empodera (ah, que bien se siente escribir el verbo empoderar), Ruffo pasa la charola. Ruffo: “¿Por qué no con alguien de tu confianza? Para no meter ahí a diputados, para protegernos más. ¿Con quién lo hacemos? (…) ayúdanos ahorita con este gasto corriente que traemos, nos urge, gobernador”. Padrés: “No te preocupes. Cuenta con él, ¿eh?”.

Ricky
Después de leer las transcripciones de las palabras grabadas de Ruffo, Padrés y el secretario particular de éste, Arturo Alvarado, el corazón simple de Gamés preguntó al viento. En el caso de que efectivamente Padrés haya ayudado al senador Ruffo con el “gasto corriente de la campaña”, ¿de dónde vendría ese dinero? ¿Parece muy improbable que viniera del bolsillo de Padrés, y eso que sus bolsillos deben estar rellenos de buenos recuerdos de su paso por el gobierno de Sonora. Sería dable pensar entonces que se trata de dineros públicos.

O sea, la campaña de Ricardo Anaya, niño prodigio del PAN, se ha financiado en parte con dinero público. O sea, las canicas de trébol y los juguetes del joven que ha declarado a la Revista R de su periódico Reforma que no tienen dueño, al parecer sí lo tienen, salvo que pensemos que quien da dinero para fines políticos no regresará un día a cobrarlo. O sea.

Por cierto, Ruffo le dice Ricky a Ricardo Anaya; menos mal, podría decirle Ricky Ricón, como aquel personaje de los cómics y eso sí sonaría feo. Sí: grabar es ilegal, nadie lo duda, y una vez que oímos lo grabado ya tenemos dos ilegalidades, o más.

Le dirán a Gamés que no desgarre sus vestiduras, que así es la política. Gil no se chupa el dedo, pero caracho, lana-sube, lana-baja: la democracia la trabaja. Agua pasa por mi casa, en fon. Pueden decir la misa panista, pero como diría el filósofo: la transa es la transa.

La máxima atribuida a César Borgia espetó dentro del ático de las frases célebres: “Lo que no ha pasado al mediodía, puede pasar por la noche”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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