Opinión

La negociación con la insurrección

 
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CNTE marcha al Zócalo para protestar por la Reforma Educativa. (Cuartoscuro)

El hecho de que sólo sean cientos los maestros que estén marchando y que la violencia esté enfocada en Oaxaca y Chiapas es una señal de que la estrategia del gobierno federal hasta este momento ha sido exitosa. Recuerden que el escenario que más temían los presidentes en los últimos 16 años era una insurrección nacional por un millón de maestros miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), liderado en ese entonces por la toda poderosa e intocable Elba Esther Gordillo.

Por lo tanto, la estrategia del gobierno, de dividir para conquistar, hasta cierto punto sí ha sido efectivo. Y ahora 'la maestra', la del tarjetazo de dos millones de dólares de compras en la exclusiva tienda departamental Neiman Marcus, ha perdido su reino. Después de tres años y cuatro meses de su detención esto dejó un vacío de poder. Esto ha permitido que los maestros disidentes, incluyendo la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), intenten dar un último pataleo ante las reformas.

Porque hasta este momento ha sido sólo un pataleo de la CNTE, considerando el escenario catastrófico de violencia que se tiene contemplado. De hecho, el que sólo se hayan contabilizado ocho muertos (por más terrible que esto parezca) por las protestas, parece increíble, casi un milagro, que no hayan sido más, considerando lo que puede pasar si es que el gobierno federal no encuentra una forma de negociar con el magisterio.

Y muchos podrán criticar la posición del gobierno de no negociar ni dialogar con la disidencia magisterial, pero también hay que reconocerle su decisión de no negociar la Constitución para resolver a corto plazo un conflicto político.

Pero el discurso excepcionalmente bravucón del secretario de Educación, Aurelio Nuño (un wannabe presidencial), está encajonando al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong (otro wannabe presidencial) y al mismo magisterio a usar la violencia como única herramienta de negociación.

Y ante este escenario de intransigencia, sin lugar a duda saldrán perdiendo el secretario de Gobernación y el presidente Enrique Peña Nieto, y por ende los ciudadanos y estudiantes de Oaxaca y Chiapas.

El no dialogar con el magisterio en protesta ya no es opción. El arma más poderosa que tiene el gobierno es que se puede escudar detrás el Estado de derecho. Y esto no es poca cosa, ya que cualquier recomendación que pudiera surgir de una negociación o mediación pública no puede incluir que el gobierno viole la Constitución, la ley y dejar en la indefensión a estudiantes y ciudadanos en Oaxaca y Chiapas. Un diálogo, mediación o negociación pública con el magisterio pudiera ser aprovechada por el gobierno para transparentar y publicitar la violencia que se está viviendo debido a las protestas del magisterio. Y seguramente cualquier proceso de negociación o mediación le dará tiempo a los gobiernos federal y estatal de organizarse ante la eventualidad de que será imposible llegar a una solución negociada.

El último recurso será justificar el uso legal de la fuerza para controlar la violencia del magisterio, analizando la posibilidad remota de que este conflicto encuentre una solución negociada y pacífica, ya que el mismo gobierno tiene poco espacio para negociar.

Hay que ver el hecho de que los disidentes estuvieron dispuestos a dejarse grabar cuando rapaban a los maestros para que se transmitiera por los medios de comunicación el video, ya que no tienen nada que perder si usan la violencia.

De hecho, entre más violentos sean, más posibilidades hay de una reacción violenta por parte del gobierno y más incrementará el llamado a que ambas partes busquen una solución negociada.

Pero para que esta negociación tenga alguna posibilidad de un acuerdo, con algún beneficio para el gobierno, tendría que ser pública, preferiblemente con la presencia de facilitadores o mediadores nacionales e internacionales para darle credibilidad mediante la transparencia. De manera adicional. el gobierno tendrá que flexibilizar su posición y permitir facesaving o salvar cara para los líderes del magisterio disidente ante sus agremiados.

También exigirán que el presidente y los secretarios reconozcan públicamente que 'se equivocaron'. Que los secretarios admitan esto es especialmente una problemática para Gobernación y Educación, ya que ambos quieren ser candidatos a la presidencia.

Por eso la importancia de que sea pública y documentada la imposibilidad de llegar a un acuerdo para que el gobierno pueda justificar el uso legítimo de la fuerza y para que el magisterio justifique el uso de la violencia.

Fracaso de negociación –incrementa la insurrección– justificación del Estado de excepción.

Twitter: @Amsalazar

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