Opinión

La mitología del impuesto a la propiedad

 
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Donald Trump

Como que se llevó a segundo plano por pequeñeces como amenazas de muerte contra Hillary Clinton, pero sigo fascinado por cómo Donald Trump se pronunció a favor de eliminar el impuesto a la propiedad, que afecta a un número muy reducido de propiedades enormes. Por supuesto, el Sr. Trump probablemente no lo sabe. Claramente fue un soborno para la cúpula republicana, que considera que las sucesiones sin impuestos son el “eje del movimiento conservador”, según Brian Ballard, ex donador del republicano Jeb Bush.

La cosa sobre el impuesto a la propiedad es que es muy difícil argumentar que todo se reduce a incentivos y beneficios por goteo. Y los conservadores ni siquiera lo intentan. En cambio, convirtieron el rechazo al impuesto a la propiedad en una cuestión de “justicia” diciendo que la gente no debería volver a pagar impuestos cuando muere; y hay que pensar en todas las granjas y negocios familiares que resultan afectados. El argumento es profundamente engañoso y casi siempre deshonesto. Para empezar, mucha gente es gravada dos veces (una vez cuando percibe ingresos y otra vez cuando paga impuesto a la venta y otros). Gran parte de la riqueza que pasa a los herederos representa un ingreso que nunca ha sido gravado. Y los muy ricos, la gente que actualmente paga la gran mayoría del impuesto a la propiedad, a menudo paga tasas impositivas generales más bajas que los que están más abajo en la escala.

Supuestamente debemos sentirnos mal por esas granjas familiares despedazadas, pero en 2001, cuando los periodistas pedían ejemplos a la Fundación Buró Agrícola Estadounidense, ni siquiera pudo encontrar uno.

Entonces, ¿cómo es que este cuento sigue ejercicio poder? Por el dinero en la política, sin duda.

Pero lo que Michael Graetz e Ian Shapiro enfatizan en su libro “Death by a Thousand Cuts: The Fight Over Taxing Inherited Wealth” es que parte de la culpa también yace en los centristas y en los liberales moderados: nunca presentaron el argumento moral a favor del impuesto a la propiedad. Incluso ahora, se dificulta pensar en muchos políticos que estén dispuestos a ser igual de directos que Theodore Roosevelt con respecto a los peligros para la democracia planteados por vasta riqueza heredada.

La pregunta es si el fenómeno Trump reabrirá esa puerta. Entiendo y simpatizo con la decisión de la campaña de Clinton de enfatizar lo singularmente malo que es el Sr. Trump. Su tarea consiste, primero que nada, en impedir que sus cortos dedos lleguen al botón. Pero una gran victoria en noviembre quizá haga espacio para una afirmación más robusta de los valores progresistas, sobre este y muchos otros temas.

Twitter:@paulkrugman

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