Opinión

La madre de todas las reformas, hoy


 
En el debate de la reforma energética bien se puede aplicar el dicho aquel de “despacio que llevo prisa’’.
 
 
Pese a contar con los elementos suficientes para haber iniciado la tarde de ayer el debate del predictamen de la iniciativa, el presidente de la Comisión de Energía, el priista David Penchyna Grub, pospuso para la mañana de este día la instalación de dicha Comisión.
 
 
Con la decisión se pretende enviar un mensaje a la población de que no se está corriendo para lograr el dictamen y que las discusiones serán serias, formales y públicas, y no al vapor.
 
 
El argumento de Penchyna tiene su sustento político, pero para los antirreformistas que bloquearon ayer los accesos al Senado, se trató de su “primera victoria’’ en pos de detener la discusión y aprobación de la reforma.
 
 
Pero no hay tal.
 
 
En el Senado, los coordinadores del PRI y el PAN, Emilio Gamboa y Jorge Luis Preciado, están plenamente convencidos de que la reforma es necesaria y que será aprobada esta misma semana.
 
 
Dado el cambio de planes, la reforma energética se estaría votando entre sábado y domingo, para ser turnada inmediatamente a la Cámara de Diputados, en donde le espera también un trámite breve, como el que se le dispensará a la reforma política, que no pasará por Comisiones y hoy será votada en fast track en el pleno.
 
 
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Aprobada la reforma política, el tema de la reelección no deja de provocar urticaria.
 
 
Y es que, aunque todos los partidos estuvieron de acuerdo en legislar sobre el tema, derrumbando un tabú de casi 100 años, el hecho de que sean los partidos políticos y no la ciudadanía quienes decidan qué diputados –locales y federales–, senadores o presidentes municipales puede ser reelectos, es un auténtico despropósito.
 
 
Porque la idea de la reelección era que el ciudadano común castigara o premiara a un buen o mal legislador o edil; pero la reforma inexplicablemente deja a los partidos políticos la selección de quienes pueden o no repetir en el cargo.
 
 
Y eso se llama simplemente cacicazgo.
 
 
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La noche del martes, las senadoras de todos los partidos se pusieron de acuerdo para incluir en la reforma política, que la paridad o igualdad de género en los Congresos federal y estatales fuera elevado a rango constitucional.
 
 
La puja de las legisladoras fue fuerte y lograron que se incluyera en un transitorio; el asunto se llevó a votación y cuando parecía que todos los senadores presentes votarían a favor, tres panistas Víctor Hermosillo, Martín Orozco y Javier Lozano, votaron en contra.
 
 
Ello provocó la ira de las senadoras que reclamaron a los panistas el sentido del voto. Todavía con el tiempo de votación corriendo, Orozco y Lozano se retractaron, pero el voto en contra de Hermosillo quedó en firme.
 
 
¿Pues no que muy igualitarios?
 
 
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El martes pasado se conmemoró el quinto aniversario del fallecimiento del ex secretario de Gobernación y Trabajo, Carlos Abascal Carranza.
 
 
En su memoria se congregó un grupo plural de políticos que destacó la congruencia y pulcritud política de Abascal.
 
 
La reunión fue organizada por la Fundación Carlos Abascal Carranza, que preside su hijo Rodrigo Abascal Olascoaga, a la que asistieron el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, el nuncio Apostólico, Cristopher Pierre, el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, monseñor Eugenio Lira, el presidente de Coparmex, Juan Pablo Castañón, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Raúl Plascencia y Cecilia Romero.
 
 
Hoy, el PAN debe extrañar profundamente la congruencia y el profundo amor y respeto que Abascal sentía por su país y por su partido.