Opinión

La lucha contra la pobreza

 
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Papa Francisco

Víctor Manuel Pérez Valera.

Entre los objetivos mundiales del milenio de las Naciones Unidas están, reducir la pobreza, luchar para que haya menos desigualdad y menos destrucción del planeta. Recordemos que cuando las Naciones Unidas se proponían reducir la pobreza (2000) se suponía que más de la mitad de la población vivía en la penuria. En especial, el gran objetivo del milenio es erradicar la pobreza extrema en los próximos 15 años. El 13.4% de la población de los países en desarrollo vive en la miseria. El problema es complejo: no basta el crecimiento económico, se deben fomentar adecuadas políticas sociales, educación, empleo, salud, etc. La pobreza, como lo vamos a ver es multidimensional. Por consiguiente, se nos pide acercarnos a este problema con una visión holística. Entre otras cosas, opinan los expertos, se requiere un crecimiento económico sostenido, y en momentos de crisis no disminuir el gasto social. Es menester no caer en el paternalismo y también con mano firme combatir la violencia, sin caer en la espiral de este fenómeno.

Sin duda, la pobreza y la desigualdad son unos de los conflictos más dolorosos que afronta la humanidad. El Papa Bergoglio con toda razón ha impulsado el combate a la pobreza de modo especial en su discurso ante las Naciones Unidas.

El discurso del Papa fue interrumpido veinte veces por aplausos. Sin la paz y la justicia no podrían lograrse los demás objetivos. “Si se respeta y aplica la Carta de la Naciones Unidas –enfatizó el Papa- con transparencia y sinceridad… como un punto de referencia obligatorio de justicia… se alcanzarán resultados de paz”. Un poco antes, en su Encíclica Evangelii gaudium sostuvo que, “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados, de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo”. El Papa Francisco, de manera absurda, ha sido criticado por estas expresiones y se le ha tildado de comunista. El Papa ha respondido sencillamente que en este punto sigue fielmente la tradición de la Iglesia.

En el reciente informe “Privilegios que niegan derechos” de la ONG Oxfam, se indica que unos 200 millones de personas están en peligro de volver a entrar en los índices de pobreza en América latina ante la desaceleración del crecimiento económico de la región. La razón de lo anterior es que no se han desarrollado las políticas necesarias para tener servicios públicos de educación y de salud de calidad, que podrían proteger a estas personas de los choques externos de la economía.

Se destaca, asimismo, que el 1 por ciento de la población latinoamericana concentraba el 41 por ciento de la riqueza del continente en 2014, y se estima que abarcará el 99 por ciento en 2022 si se mantiene la misma tendencia. Pero no todo está perdido en América Latina, los países que han reducido más la pobreza extrema son Brasil, Chile, Uruguay y México.

Vivimos en un mundo en continuo cambio, en el que diversos aspectos sociales, políticos, económicos y culturales, se relacionan entre sí, e igualmente los ámbitos locales, nacionales e internacionales influyen en el problema de la pobreza y la desigualdad.

En efecto Amartya Sen considera la pobreza como la falta de posibilidades para tener una vida duradera, saludable y digna, lo cual está relacionada con la libertad, respeto a los derechos humanos e instituciones justas.

El pensamiento de Amartya Sen ha sido complementado con los estudios de Rawls, de Ricoeur y de Martha C. Nussbaum. Para Ricoeur lo importante es, más que promover la capacidad individual, promover las instituciones que posibiliten la alimentación, la salud, la educación, la libertad, en fin “estructuras de vivir-juntos”.

Para Nussbaum lo justo es dar a los ciudadanos las oportunidades para desarrollar sus capacidades humanas esenciales. Entre ellas se incluye la integridad corporal, no estar amenazado por la violencia, educación informada, expresar libremente sus emociones, reír, jugar, gozar de actividades recreativas. Habrá que añadir también, como algo fundamental tener un trabajo digno.

Por último, no hay que olvidar los despilfarros y robos de algunos políticos, que no sólo se quedan impunes, sino que hasta son premiados, pues como decía aquel famoso poema: “en tiempos de bárbaras naciones colgaban de las cruces los ladrones, y en los modernos tiempos de las luces de los ladrones cuélganse las cruces”.

Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

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