Opinión

La lotería de Purificación

MVNO son las siglas que quieren revolucionar el campo de las telecomunicaciones en el mundo. Responden a Mobile Virtual Network Operator, que son cadenas virtuales de operadores de celulares, donde las compañías que han desarrollado este modelo de negocio ofrecen un servicio a bajo costo, para lo cual contratan tiempo aire con atractivas tasas de descuento a las empresas que tienen las redes y la infraestructura para dar servicio telefónico. No necesitan ninguna inversión en fierros, ni concesión alguna. Bien manejado, sus márgenes de utilidad son generosamente altos. Nadie describe el negocio con mayor claridad que la diputada del PRD y experta en telecomunicaciones, Purificación Carpinteyro. “Es como sacarse la lotería”, afirma.

Pero la descripción de la acérrima enemiga de Televisa y promotora de candados para las televisoras en las leyes de telecomunicaciones, es tóxica. La caracterización del negocio de los MVNO se produjo en una conversación con un exejecutivo de Telefónica, empresa de la que fue directora comercial corporativa, que fue grabada y difundida el martes en las redes sociales. La revelación del material ilegalmente obtenido, es relevante porque Carpinteyro es secretaria de la Comisión de Telecomunicaciones en el Congreso y una de las arquitectas de las leyes que permiten este tipo de nuevos negocios. Es decir, hay un evidente conflicto de interés, e incluso, roza los terrenos de la corrupción.

Carpinteyro reconoció que la conversación era auténtica y se defendió con argumentos políticos. Dijo que se trataba de un ataque de los monopolios –que para ella se reducen a Televisa y TV Azteca– para desacreditarla, sugiriendo cuáles son los motivos detrás de su difusión: anularla en el debate sobre la ley secundaria de telecomunicaciones.

Quien ordenó grabarla y difundir la conversación en este momento, ganó en este déjà vu de recursos sucios, de los que tanto conoce bien la diputada, que los usó contra su exjefe, el entonces secretario de Comunicaciones, Luis Téllez, al entregar a la prensa grabaciones privadas para destruirlo política y personalmente.

La historia con Téllez es muy diferente a la de ahora. En aquel momento era una lucha de poder; ahora raya en la ilegalidad. Pero Carpinteyro no es una mujer de muchas lealtades. Su problema con Téllez empezó desde que el presidente Felipe Calderón la nombró subsecretaria de Comunicaciones, y corrían las especulaciones de que había llegado por su relación con él, que se alimentaba desde Los Pinos con los murmullos sobre la forma atrevida como iba vestida a sus acuerdos. Téllez la defendió y declaró que Carpinteyro estaba en ese cargo por su conocimiento –en efecto, es una gran conocedora en ese campo–, sin saber que la hoy diputada llevaba meses intrigándolo con el presidente.

Estuvo a punto de lograrlo, pero el manejo de Téllez durante el accidente donde perdió la vida el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, a fines de 2008, canceló su inminente salida. Se reavivó al año siguiente, cuando se alió con los enemigos del secretario en el sector de las telecomunicaciones y se allegó de grabaciones sobre presuntas irregularidades de Téllez, que intentó entregarle al presidente durante una reunión en Los Pinos. En esa reunión la interceptó el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, e impidió que se las diera a Calderón, porque al provenir de un origen desconocido, podría hacerlo accesorio de un delito.

Esa fue la última vez que le permitió el presidente atacar a Téllez y la cesó. Téllez y la Secretaría de Comunicaciones presentaron una denuncia en la PGR para determinar quiénes eran los responsables del espionaje telefónico, cuyas sospechas recaían sobre ella, quien fue finalmente exonerada. Aunque negó ser la autora de la difusión de las grabaciones, en vísperas de entregarlas a la prensa, su entonces esposo le dijo que lo pensara dos veces, que no actuara con tanta víscera, y que se tranquilizara. Ella dijo que no, que actuaría de inmediato y que se vengaría de Téllez. Al final, con un escándalo creciente porque en las grabaciones se oían acusaciones muy serias contra personajes públicos, Téllez presentó su renuncia. Carpinteyro logró su cometido pero tampoco sobrevivió en el gobierno. Se fue a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador, enemigo de Calderón, y al que nunca reconoció como presidente, donde en pago a sus servicios, la hicieron diputada federal, y su experta en el campo de las telecomunicaciones. Por eso, precisamente, la llamada con el exejecutivo de Telefónica es tan fundamental.

No porque quiera iniciar un negocio, sino porque planeó iniciarlo
–inclusive pidió una cita con un empresario, aparentemente Carlos Peralta, uno de los más cercanos al presidente Enrique Peña Nieto, para que les proporcionara capital semilla– mientras diseñaba y aprobaba leyes para este tipo de empresa. Es decir, se puede alegar, legislaba para resolver su futuro. Es muy probable que entre quienes ha lastimado se encuentre el autor intelectual de la grabación, pero bajo la lógica política del utilitarismo y el bien mayor, la diputada, entre su ambición, ingenuidad –hay que oír con detenimiento su conversación– y deshonestidad flagrante, su respetada voz como experta la tiró ella misma, en sólo ocho minutos que dura su conversación, a la basura.