Opinión

La lista negra

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico Reforma que las palabras que más se mencionan en el Segundo Informe del Presidente Peña Nieto, entregado por escrito al Congreso, fueron en primer lugar educación; luego, salud y en tercer lugar, derechos humanos. Las menos aludidas: corrupción, democracia e impunidad. Como quería Ronald Barthes, ¿hay alguna revelación en el uso frecuente o infrecuente de las palabras en un discurso? Aigoeeei, Gil en plan cultísimo. Mju. Pues con la pena, pero sí lo hay.

Según Gamés, las palabras que debieron referirse más veces en el documento debieron ser, precisamente, corrupción, impunidad y democracia. Después del exitoso ciclo reformador del equipo del Presidente, lo que viene dependerá en buena medida de la transparencia con que se realicen esas reformas. A Gil le dio un escalofrío pues estuvo a punto de escribir “implementar”. Perdona Dios a Gamés por pensar en ese verbo infame, monstruoso, vil y abyecto: implementar.

En Miami

Gil no había terminado de citar el artículo de Juan Pardinas en el cual afirmaba que en México a la corrupción hay que añadir impunidad cuando leyó en su periódico Reforma que Martín Díaz Álvarez, prófugo del caso de Oceanografía, se encuentra en una lujosa suite del hotel Four Seasons de Miami y que tiene a su disposición un Rolls Royce y un Ferrari. Sí, Gamés ya sabe que la Interpol y la manga del muerto atraparán al señor Díaz, pero antes se les fue en las narices un hombre acusado de ser el gestor, el coyote, ante ejecutivos de Banamex, de los créditos que obtendría su compañía y que más tarde serían señalados como fraudulentos por tramitarse con documentos falsos, informa Reforma (orma-horma). El ladronazo tomó su avión, o compró un boleto en una línea comercial, o alquiló un globo de Cantoya y se fue a Miami. Que se estaba armando el expediente, que el petate de en fon. Anjá: llevan casi un año armando el expediente. Mientras el expediente y el caso se arman hasta los dientes, Díaz Álvarez se da la gran vida. ¿Hay o no hay impunidad?, pregunta Gilga disfrazado de un insobornable Benito Juárez combinado con un adusto Abraham Lincoln.

Línea 12

El riel no se comprendía con la llanta, el vagón no se acomodaba con el andén, el ondulamiento, la chispa, los peritos traídos del planeta Marte para que no hubiera duda alguna de la probidad de esos ingenieros marcianos. No ocurrió un accidente de milagro. La obra magna de Marcelo Ebrard se convirtió en una obra magma que acabó con su presente y su futuro político. Un quebranto (gran palabra) de miles y miles de millones de pesos ha sido cubierto con juegos del tío Lolo, hipótesis locas, engarces políticos, amenazas, amagos. Total, en el caso de la Línea 12 del Metro no hay responsables, y si no hay responsables, no hay culpables y así nos la llevamos Pachuca.

Grupo México

La empresa subsidiaria de Grupo México sostuvo casi veinte días que la causa del derrame de ácido sulfúrico, que eso fue lo que se derramó, fue producto de las lluvias. Resulta que no, que a Chucha la bolsearon y entonces un tubo de un proveedor se rompió y contaminó las aguas y el que se lavaba la cara con ese líquido quedaba como el Dos Caras de Batman. Al cabo de veinte días, la autoridad aseguró las oficinas, pero no hay un solo detenido. ¿No es un poco demasiado?

Le dirán a Gil que la ley tiene sus tiempos. Van a perdonar, pero se trata de unos tiempos eternos y oscuros. Y Gamés no repetirá aquí que el siniestrazo Napoleón Gómez Urrutia, líder del sindicato minero, libró once órdenes de aprehensión y regresa a México. Caracho. Estas son algunas de las razones por las cuales Gil cree que las palabras más mencionadas en el segundo informe debieron ser corrupción, impunidad y democracia. ¿Cómo la ven? Sin albur.

La máxima de Montesquieu espetó dentro del ático de las frases célebres: “La ley tiene que ser como la muerte, que no exceptúa a nadie”.

Gil s’en va