Opinión

La lección de otro “ya merito”

Lo que ayer ocurrió en el juego entre México y Holanda es una buena lección para todos.

Más allá de errores arbitrales, el hecho es que hay un rasgo de nuestro temperamento nacional que nos conduce a hacer bien muchas cosas durante un tiempo largo, sólo para que en el último momento fallemos.

En el caso del juego de ayer, ya se celebraba el triunfo y ese hecho provocó una relajación y desconcentración, que condujo a que el equipo que había jugado peor aprovechara errores, y en cinco minutos echara por tierra el trabajo de 85 minutos previos.

Ese hecho es algo que nos ha sucedido en diversos momentos de nuestra historia y más vale que aprendamos de ello.

Jugamos “partidos de 85 minutos” en los que todo va bien, sólo para que se nos descompongan las cosas en los cinco minutos finales.

Es inevitable que nos venga a la mente lo que sucederá en las próximas semanas en México: habrán de concretarse dos reformas de enorme trascendencia, la de telecomunicaciones y la de energía.

Algunos piensan que el gran cambio constitucional que representó la reforma energética ya cambió la historia.

Ya le he referido aquí otro importante cambio, el del artículo 27 en 1992, que iba a modernizar a México, el que se dio en el sexenio de Salinas para permitir que el ejido pudiera convertirse en propiedad real y se modernizara nuestro sector rural.

Seguimos esperando esa modernización 22 años después.

En el caso de las telecomunicaciones, la privatización del monopolio estatal de la telefonía presuntamente iba a traer la competencia en el sector, y también dos décadas después se están reformando las leyes para tratar de que eso suceda.

Esos cambios se parecen al buen juego que por 85 minutos hizo la Selección Mexicana, para fallar a la hora de concretar.

Ayer, soñamos por un rato y pensamos que ahora sí, la frontera del quinto juego iba a ser alcanzada. Igual que pensamos ahora que hay condiciones para que el país cambié de raíz con la secuencia de reformas que en este último año y medio se han emprendido.

En una de las primeras que aparentemente se concluyó, la reforma educativa, hay signos de que se están dejando las cosas a medias, y de que los cambios en las escuelas y en las aulas aún no están sucediendo.

En la reforma de las telecomunicaciones necesitamos asegurar que la operación política de Carlos Slim (que el viernes se sacó de su cartera 5 mil 900 millones de dólares para comprar la participación de su socio, AT&T) no impida que realmente se concreten las medidas que propiciarían la competencia en su sector.

En la reforma energética se debe asegurar que la discrecionalidad que se pretende otorgar a los entes públicos no vaya a significar, en el terreno concreto, una disuasión para que las inversiones locales y foráneas lleguen al sector.

En fin, la lección es clara: los juegos terminan hasta que terminan. No podemos confiarnos en que los logros ya están alcanzados y luego decir que fue la economía mundial o un mal arbitraje lo que nos pegó.

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