Opinión

La laaarga cola de los dinosaurios

1
 

 

José Murat. (Archivo/Cuartoscuro)

Hace cinco años publiqué un libro titulado Manual de Liderazgo: Para No Ser un Líder Jurásico y recibí algunas quejas de conocidos priistas porque se sentían aludidos por el título. Les expliqué que el PRI no tiene el monopolio del liderazgo jurásico, el problema fue que ellos le dieron el branding al concepto por haber sido los dueños de la jungla por 71 años antes de compartir la selva con el Partido Acción Nacional en 2000.

Ahora ya sabemos que los políticos jurásicos portan camisas de todos los colores. Ningún partido se salva.

Y robaron con tanta impunidad a través de las décadas y sin temor de ser perseguidos por los medios y menos por la justicia, que dejaron que les creciera la cola. Y ahora no hay forma ni de cortarla ni de esconderla.

¿Qué estaban pensando aquellos políticos y funcionarios jurásicos cuando compraron, adquirieron o recibieron mansiones, terrenos, apartamentos con dinero mal habido o influencias? Desde la Edad Media, si hay una transacción que el hombre documenta es la compra, venta y traspaso de propiedades. Sabemos quiénes eran los dueños de los castillos y de los latifundios de hace tres siglos. Y aunque hoy día los reyes, virreyes, presidentes, gobernadores y alcaldes tratan de borrar los rastros de sus castillos, casas y apartamentos mal habidos poniendo las propiedades a nombre de sus familiares o haciendo uso de fideicomisos, esto no es suficiente para desaparecer la laaarga cola del dinosaurio. Por más ropa de marca, es casi imposible esconder la cola del jurásico. Lo que faltaba era que alguien supiera cómo encontrar y documentar la cola y que estuviera dispuesto a balconearla con credibilidad.

Ahora hablemos de los paleontólogos que buscan huesos y huesitos de los dinosaurios. El esfuerzo de los reporteros del periódico The New York Times es un ejemplo de balconear la cola de los dinosaurios, que en este caso fue romper el velo y transparentar los nombres de los dueños de los apartamentos que esconden los fideicomisos. Pero requirió de tiempo y dinero por parte del periódico para poder investigar a decenas de políticos, artistas, deportistas, funcionarios y ministros de la fe. Su objetivo no fue subrayar que tenían cola y que la compra de bienes raíces en Nueva York era ilegal, sino cuestionar por qué no hacer público su compra. ¿Por qué esconder la cola? Tiene que ser un consuelo, aunque pequeño, para José Murat Casab, exgobernador de Oaxaca y actual miembro del PRI, que es parte de un exclusivo club de individuos que tendrán que dar explicaciones en sus respectivos países, de dónde surgió el dinero. Será responsabilidad del presidente Peña Nieto y de su partido explicar por qué sigue jugando en la jungla política este dinosaurio.

En este momento, por las fuertes ligas que tiene el jurásico Murat con el resto de la manada, es casi imposible imaginar que será investigado o enfrentará un juicio. Probablemente se cubrirá su cola jurásica con el manto de la impunidad. Y aunque es más fácil esconder riquezas cuestionadas en cuentas de banco alrededor del mundo, el caso de HSBC en Suiza es un ejemplo de que esto se está dificultando para todos los jurásicos, evasores de impuestos, criminales, políticos y celebridades de 45 países. Nombres de algunos mexicanos surgieron en esta lista de notables.

Lo interesante va a ser qué piensan hacer las autoridades mexicanas con la información que se divulgó esta semana. Varios gobiernos ya amenazaron con investigar y posiblemente castigar a HSBC. Seguramente habrá cuestionamientos si estos afortunados ciudadanos pagaron impuestos. De la misma forma en que el SAT amenaza y persigue a los evasores en México, ¿lo harán con los jurásicos balconeados recientemente? Tal vez no se puede demostrar si es dinero mal habido, pero es fácil comprobar si pagaron impuestos o no.

Aquí hay una lección para aquellos que buscan ser electos en los siguientes comicios. Una recomendación es que revisen qué tan larga tienen la cola. No solamente la suya, sino la del resto de su familia y amigos. Y aunque posiblemente no se exhibe en primera instancia dinero mal habido en sus cuentas de banco, casas, apartamentos y terrenos obtenidos en una forma 'irregular' o por 'conflictos de interés', no se confíen. Si no es ahora, será después.

Tal vez no terminen en la cárcel y puedan cubrir su cola con el manto de la impunidad. Pero mientras máaas larga la cola, máaas manto hay que comprar y máaas cola hay que cubrir. Y, sí, se vuelve un círculo vicioso difícil de parar.

Twitter: @Amsalazar

También te puede interesar:
¿Quién le echa porras al presidente?
¿A quién escucha el presidente?
Discursos y cómo rescatar la presidencia