Opinión

La inercia del presupuesto 2017: el abismo entre el discurso y las políticas públicas para el desarrollo de la mujer rural

 
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Paquete Económico 2017

El paquete económico para 2017 fue entregado a la Cámara de Diputados en medio de la endeble credibilidad del gobierno federal pero además, de una fragilidad de las finanzas públicas toda vez que la deuda pública rebasa el 50% del Producto Interno Bruto, el crecimiento del país no ha podido superar el 2% y pese a que se ha podido controlar la inflación, las reformas estructurales tampoco se han traducido en empleo, riqueza y bienestar para la población, por el contrario, algunas de estas, como la energética y la educativa, han generado estallidos sociales, desempleo en algunas regiones, inconformidad de las comunidades indígenas que no han sido tomadas en cuenta y el anuncio de un presupuesto para 2017 disminuido no es una sorpresa.

Lo que fue una desilusión más, como de costumbre, es que los anunciados recortes se dan otra vez en infraestructura, subsidios a la producción, apoyos de la banca de desarrollo para el sector ahorro y crédito popular, salud, educación etc., mientras que el presupuesto de la Cámara de Diputados se incrementa 7% y aquél de la Cámara de Senadores incrementa en 7.7% y la tentación de mantener el presupuesto opaco generalmente destinado a los famosos “moches” sigue presente. En estos momentos toda la población está consciente que las finanzas públicas requieren de un mayúsculo recorte al gasto público si desea evitarse una crisis económica de gran magnitud; no obstante, lo que es ampliamente discutible es un gobierno inmutable ante la agravante desigualdad, pobreza, el descontento social y el incremento de la violencia y es frustrante que el gasto público, siendo el principal instrumento para redistribuir la riqueza y detonar el crecimiento económico es desaprovechado y asignado de forma ineficiente.

El gobierno federal es miope ante la urgente necesidad de incrementar la capacidad de producción y consumo en el mercado interno, para así dinamizar la economía local y detonar crecimiento económico a partir de la demanda interna y no sólo a través del comercio exterior que no repunta desde la crisis financiera de 2008.

Entre el discurso político que mediáticamente dice promover el desarrollo económico y social de todos los sectores y grupos vulnerables, se genera un abismo cuando se analiza el proyecto de presupuesto de egresos para 2017. Es un presupuesto impasible que sigue apostando por el gasto corriente superfluo y burocrático, a costa del desarrollo nacional.

Para botón de muestra el presupuesto de género. Si bien se ha dicho tanto en el Plan Nacional de Desarrollo como en los programas sectoriales, que se fomentaría la inclusión económica, financiera y social de la mujer para finalmente reducir las inequidades entre el hombre y la mujer, esto no se traduce ni en presupuesto, ni en política pública. Todo lo contrario, la mujer se sigue visualizando como un sujeto que merece asistencia sin darle la posibilidad para asumir otro rol. En el Presupuesto Federal para 2017, la mujer es prioritariamente receptora de apoyos sociales, no necesariamente para crecimiento personal, sino como un instrumento de la política social para canalizar alivio a la pobreza a los hogares o sus descendientes.

Sin mayor rodeo, el presupuesto de género de la SAGARPA se reduce 48%, esto es, pasa de 7,264.58 a 3,755.94 mdp, o bien, en el ramo de Economía, los recursos para la mujer caen 87%, pasando de 819.91 a sólo 102 mdp, entre estos, el Programa de Fomento a la Economía Social, del que muchas mujeres rurales pueden echar mano para iniciar una empresa y generar ingresos cae 33%, esto es de 1,035.75 a 692.44 mdp. En cambio, el presupuesto de género en el ramo de Desarrollo Social se incrementa 4.1% pasando de 69,134.62 a 71,993.77 mdp fundamentalmente a partir de los programas de pensiones para adultos mayores, las transferencias condicionadas del programa Prospera, el seguro para jefas de familia y otros de naturaleza similar.

He ahí que el discurso sobre el empoderamiento de la mujer rural es mera simulación que no se traduce en recursos transformadores de las capacidades y posibilidades reales de una mujer para generar ingresos, insertarse en la vida económica y producir para la economía nacional.

Bajo esta perspectiva, difícilmente se podrán cerrar las brechas de inequidad entre hombres y mujeres, seguirá el confinamiento de la mujer a la exclusión social y la planeación para el desarrollo plasmada en los planes nacionales y sectoriales seguirá siendo un curioso ejercicio intelectual para seguir durmiendo el sueño de los justos.

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