Opinión

¿La industria turística usa o abusa del agua?

 
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Hotelito Desconocido

Hace algún tiempo, un director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo se quejaba en privado de que en Puerto Vallarta las autoridades continuaran autorizando la construcción de grandes torres de condominios –la de hoteles estaba prácticamente detenida desde años atrás--, cuando la ciudad ya tenía un severo problema de abastecimiento de agua potable.

Y lo mismo dijo de Puerto Peñasco, en Sonora, donde, según su información, la cantidad de desarrollo que estaban en proceso en ese momento comprometerían el abasto suficiente del líquido.

Sin embargo, hay quien argumenta que mientras se esté junto al mar, no puede haber desabasto de agua. Sí, sólo que es agua salada y, aunque hay casos extraordinarios como el de Qatar, que carece del líquido potable, pero obtiene todo el que quiere a través de desalinizadoras, no se puede generalizar ya que resulta muy caro este sistema.

Qatar puede hacerlo porque gracias a sus grandes reservas de petróleo y gas natural es uno de los países más ricos del mundo –o tal vez el más rico–, y por eso está gastando más de 200 mil millones de dólares en estadios de futbol para el Mundial de 2022, que después se les convertirán en elefantes blancos, pero parece no importarles.

Sobre el agua hay una serie de datos curiosos que vale la pena mencionar. Por ejemplo, según afirman los científicos, actualmente existe en el mundo la misma cantidad de agua que hubo desde la creación; es decir, este líquido se congela o evapora, pero no se destruye (aunque sí se contamina). Otro es que sólo el 0.5% del agua del planeta está disponible. El resto se encuentra congelado.

Hace un par de años, durante un diplomado que tomé en el Tec de Monterrey, el investigador y académico Roeb García Arrazola aseguró que aunque en México existen plantas de tratamiento de agua, muchas de ellas no funcionan o lo hacen únicamente durante determinado tiempo.

Y explicó también que lo mínimo que necesita un ser humano para sobrevivir son veinte litros de agua al día; en tanto que para cubrir cómodamente sus necesidades requiere de 150 litros. Pero como cada vez es más caro llevar agua limpia a los centros urbanos, el gobierno está obligado a garantizar a cada mexicano esos 150 litros al día a un precio accesible –aunque subsidiado–, pero a partir de ahí debe comenzar a cobrar mucho más caro cada litro adicional.

Y este es precisamente el caso de los turistas, que suelen pensar que cualquier cantidad de agua que usen o desperdicien ya está incluida en la tarifa del hotel que están pagando, además de que demandan la existencia de grandes albercas siempre rebosantes del líquido.

Por esto es que vemos que, mientras una ciudad poco turística como Durango tiene un consumo per cápita de 85 litros al día, en la Ciudad de México es de 365, mientras que en Cancún alcanza los 689 litros. Gran diferencia.

Organizada por la fundación española We Are Water, ayer se llevó a cabo en el Distrito Federal la jornada “Smartwater, Smartdestinations”, con el objetivo de hablar sobre la situación del agua en México desde la óptica del sector turístico, especialmente desde el hotelero.

Según explicó la agrupación, se trata de dar una visión transversal y multidisciplinaria, en la que participen reguladores, arquitectos, diseñadores y desarrolladores, entre otros, que bajo una idea estructurada aporten una perspectiva distinta que facilite una mayor sensibilidad y actuaciones de buenas prácticas en el uso del agua.

En este foro participaron representantes de organismo gubernamentales como Conagua, la Secretaría de Turismo y Fonatur, en tanto que del sector privado estuvieron ejecutivos de inmobiliarias y cadenas hoteleras de la talla de Starwood, NH Hotels y AMResorts.

La fundación aún no da a conocer las conclusiones a las que se llegaron en las diferentes mesas redondas efectuadas, pero espero muy pronto comentarlas aquí porque, como muchas otras cosas, sin agua no hay turismo, aunque veces los turistas abusen de su uso.

Correo:garmenta@elfinanciero.com.mx

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