Opinión

La (inaudita) soberbia
de la PGR

 
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PGR. (mexico.quadratin.com.mx)

Si la memoria no me falla, fue Ricardo Rocha quien primero denunció ante la opinión pública esa atrocidad. Una abuela otomí estaba presa acusada de secuestrar a tres policías de la AFI (Agencia Federal de Investigación).

El caso era de una gigantesca estulticia. Doña Jacinta Francisco Marcial era víctima, junto con dos indígenas más, de una venganza. Apretado resumen: En marzo de 2006 un supuesto operativo antipiratería en un tianguis de Santiago Mexquititlán, Querétaro, terminó con pobladores enardecidos por la prepotencia de seis AFIs. Algunos de ellos fueron retenidos por los comerciantes en demanda del pago de lo que los agentes destruyeron.

Heridos en su orgullo, porque inteligencia no tenían, los agentes levantaron luego una denuncia y doña Jacinta, que mal hablaba español pero no lo leía, junto con Teresa González y Alberta Alcántara, fueron detenidas y procesadas por secuestro.

Después de Ricardo Rocha varios medios se interesaron en el caso.

Entre ellos W Radio y El País (http://bit.ly/25fkpBN), que en 2009 acudieron a entrevistar a Jacinta al penal de Querétaro donde tristeaba lejos de sus hijos y nietos. Les ahorro la crónica de abogados que esquilmaron a doña Jacinta sin hacer diligencia alguna digna de ser nombrada con la palabra defensa.

Fue la presión de los medios, y alguna llamada de atención al entonces secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, además claro está de la defensa del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, lo que hizo posible que una primera aberración cesara: luego de tres años en prisión, en septiembre de 2009, Jacinta fue liberada. No es menor el dato de que la Corte tuvo que intervenir.

Casi siete años después, sin embargo, la justicia no ha llegado para Jacinta (cuando digamos Jacinta entiéndanse que en casi idéntica circunstancia están Teresa y Alberta).

En el tiempo que estuvo presa, la familia de doña Jacinta no sólo perdió parte de su mínimo patrimonio en abogados que la engañaron y en ir y venir al penal, que les quedaba a más de tres horas de distancia por carretera. Jacinta misma contaría a W Radio que esa ausencia hizo más dolorosa la pérdida de un hijo en un accidente automovilístico, ocurrida poco después de que fuera liberada, pues se lamentaba el tiempo que pasó lejos de los suyos.

Porque es su derecho, Jacinta Francisco Marcial demandó en 2011 la reparación del daño. El Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa (TFJFA) falló a su favor en 2013 pero la Procuraduría General de la República se inconformó. La semana pasada la PGR perdió el caso y ahora se le ha ordenado dar una disculpa pública y una reparación económica.

Una institución reiteradamente desacreditada, ya sea por su ineficacia, ya sea por su mala fama, se mostró incapaz del mínimo acto de justicia: reconocer que se equivocó, que aplicó su descomunal peso en contra de una persona que ni siquiera pudo enterarse bien a bien de lo que era acusada, pues el juicio careció incluso de traductor.

En vez de ganar desde una derrota, en vez de dejarnos saber que entendieron y aprendieron, la PGR no se ha cansado de mandar el peor de los mensajes: no hay más verdad que la mía, así ésta aplaste a débiles e indefensos como doña Jacinta.

“Cuando escucho reparación del daño no estoy contenta, y hasta me da coraje, porque no me pueden reparar nada”, dijo Jacinta a la prensa.

En efecto, una disculpa de la PGR repararía más a la institución que a la propia víctima. Pero su soberbia no les deja comprender ni eso, tan elemental.

Twitter: @SalCamarena

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