Opinión

La importancia de cambiar la expectativa

Imagine usted que se encuentra en una empresa que está pasando fuertes dificultades económicas pues su mercado se ha reducido, sus proveedores no le pagan y los bancos no quieren prestarle.

Ve usted cómo hay recortes de personal, cancelación de proyectos, cierre de operaciones.

En este contexto, imagine que le llega una oferta de crédito para comprar un automóvil, a una tasa atractiva y a un plazo razonable de pago. O bien, que le llega la oferta para ampliar su crédito de la tarjeta.

Si usted tiene dudas respecto a la posibilidad de mantener su trabajo y por lo tanto la estabilidad de sus ingresos, probablemente le diga no a las dos ofertas, aunque tengan tasas y plazos buenos.

Cuando existe incertidumbre respecto a los ingresos futuros, la actitud racional es la de la cautela. Es explicable que tendamos a no tomar créditos que pensamos que eventualmente no podremos pagar.

Si la expectativa cambiara y percibiéramos que las empresas en lo general tienen un horizonte de crecimiento y estabilidad, y por lo tanto nos sintiéramos seguros en nuestra posición y en nuestra función, entonces, nuestra expectativa respecto al crédito cambiaría y aceptaríamos el que consideráramos razonable.

El gasto de los consumidores, sobre todo en bienes duraderos, está directamente relacionado con la dinámica del crédito y cuando hay oferta de éste, lo determinante es la expectativa.

Por esa razón, cuando se pretende una posible reactivación de la economía y del mercado interno, se tiene que cambiar primero la expectativa.

Claro que no es posible que por milagro un buen día nos levantemos con otras creencias y percepciones. La mayor parte están basadas en los hechos que observamos.

Y aunque ahora los asuntos relacionados con la seguridad pública aún no afectan en lo esencial la dinámica del gasto, sí pueden hacerlo indirectamente si contribuyen a crear un ambiente de temor.

Lo que tiene que hacerse para cambiar la expectativa es una combinación de modificaciones de hecho, pero al mismo tiempo, una buena comunicación que propicie dicho cambio.

Por ejemplo, si el sujeto del que le hablamos en la primera parte de este texto viera que los proyectos de la empresa en la que labora se reactivan, que vuelve a haber contrataciones, que hay crecimiento de las ventas, entonces probablemente reconsidere aceptar los créditos que le ofrecieron, ante la sensación de mayor seguridad para el futuro.

Pero además, puede contribuir a este hecho la observación de que no se trata de un fenómeno aislado sino de algo generalizado. Si se logra transmitir el nuevo ambiente, entonces, se va a crear un círculo virtuoso de expectativas y realidades, que va a empujar hacia arriba el consumo.

Por eso es que en el ambiente convulsionado de hoy es relevante empezar a cambiar la expectativa, pero cambiando los hechos para que las mejores expectativas tengan solidez y sustento.

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