Opinión

La hoguera de las lealtades

 
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Banda. (FayerWayer)

El tortuoso camino que conduce al pináculo del poder político se torna día con día más incierto y competido. La aparentemente tersa alfombra que antaño conducía al trono presidencial, que tenía como principio la disciplina e institucional subordinación, se va diluyendo y da paso a la pugna abierta entre los virtuales prospectos de cada partido y aun fuera de ellos, mediante el cálculo político, la descalificación, el madruguete y la traición.

Lejos quedaron los tiempos de los candidatos electos bajo la “unidad de partido”, delfines absolutos de la voluntad del mandatario, mostrados al soberano tras un ritual individual que guardaba el secreto de la manera más íntima hasta el momento de la decisión final que, una vez pública, ponía en marcha la robusta maquinaria que pavimentaría el indefectible arribo al poder del hasta entonces “tapado”.

Las alternancias iniciadas con el nuevo milenio y los ensayos condicionantes de nuestra incipiente democracia han venido introduciendo sensibles transformaciones, no sólo en la cultura de partidos, sino en sus dinámicas internas, donde parece valerse, al estilo de Don Nicolás, cualquier medio, lícito o ilícito, ético o ilegítimo, elegante o vulgar, para colocarse a la cabeza de las preferencias, internas primero, interpartidarias después.

Las pugnas intestinas, con señalamientos mutuos y la confrontación de facciones con liderazgos e intereses adversos, no sólo generan fracturas domésticas, en todo caso responsabilidad autónoma, sino que evidencian carencias ideológicas fundamentales, de visión de futuro y proyecto de país, para construir plataformas y ofertas sólidas y sobre todo convincentes.

A ello debe sumarse el paupérrimo calibre de los respectivos suspirantes, que les obliga a la adelantada construcción de imagen, a la reducción previa de los presuntos o presentes contrincantes, al codazo y al tropezón.

La hoguera de las lealtades hoy, se enciende a mitad del sexenio.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac México Norte.

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