Opinión

La hipocresía de los medios

 
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Estas mexicanas ya alcanzaron la audiencia de The New York Times.

Durante mucho tiempo la prensa pretendió ser objetiva y neutral. No se dirigía a un público específico sino a todos los lectores. Aparentemente aspiraba a no inclinarse ante ninguna opción específica. Ahora sabemos, en retrospectiva, que la prensa de aquellos tiempos sí tomaba partido, que su mirada era sesgada –por sus intereses de clase, por su ideología, por sus creencias– y que por serlo no era objetiva. Hoy ya no hablamos de prensa sino de medios. La información se puede leer, o sólo escuchar, o sólo ver. Ningún medio aspira a dirigirse a todo el público sino a nichos específicos, por más grandes que éstos sean (y cada vez son más reducidos, por la fragmentación de las audiencias propiciada por la explosiva irrupción del internet en el ámbito noticioso.) En 2011 The Economist comentó que la transparencia y no ya la objetividad era el nuevo paradigma de los medios.

En México, debido a la singularidad de nuestro sistema político, durante décadas no tuvimos prensa libre, ni objetiva, ni neutral. Aunque hipócritamente afirmaba ante el público que sus valores eran esos. La prensa trabajaba al servicio del sistema. Aun la que en apariencia se mostraba más crítica. Como afirmó Vargas Llosa, nuestra “dictadura perfecta” lo era porque pagaba a sus críticos para que vituperaran contra el sistema, claro, dentro de ciertos límites, y atacaran sólo a ciertos personajes.

Era muy riesgoso –para la sociedad, para los medios– definir sus preferencias políticas. El partido hegemónico era el PRI, y sus candidatos, por serlo, tenían asegurado el puesto antes de que se realizaran las elecciones. Para la sucesión, el presidente daba juego político al 'tapado'. Sólo él sabía quién sería su sucesor, pero se cuidaba de revelarlo. En vez de eso ofrecía 'señales': si en una comida sentaba a su lado a uno de los posibles candidatos, la prensa interpretaba que era 'el bueno' y lo cubría de elogios. Si al día siguiente el presidente inauguraba una obra y junto a él colocaba a otro de los aspirantes, la prensa olvidaba al 'tapado' de ayer y elogiaba sin mesura al nuevo posible elegido. No había 'plaza pública' como ahora la hay en los medios y en las redes sociales. En cantinas, cafés y en los mentideros políticos (restaurantes donde se desayunaba y rumoraba) la sociedad interesada hacía sus quinielas. A quién saludó o no saludó el presidente, en tal discurso a quién aludió o ignoró, a quién invitó a su gira. Los medios no informaban, el lector tenía que leer 'entre líneas', adivinar en lo escrito lo que no se podía escribir. Si un diario se arriesgaba a mostrar su simpatía por uno de los candidatos y éste no resultaba ser el elegido, estaba perdido: viviría seis años con poca publicidad y sin exclusivas. “El que se mueva no sale en la foto”, sentenció Fidel Velázquez en los años setenta. Ni candidatos, ni prensa, ni sociedad se movían. Todos querían salir en la foto, es decir, quedar dentro del presupuesto.

Ese mundo quedó atrás. No la pretendida objetividad neutral, hoy lo deseable es la transparencia. En las elecciones norteamericanas lo vimos claramente. CNN, The New York Times y muchos otros medios decidieron apoyar abiertamente a Hillary Clinton. Fox News y Breitbart News se pronunciaron por Trump. Los medios, sobre todo en tiempos electorales, no tienen que fingir una hipócrita neutralidad. Cada medio representa –y se dirige a– un nicho específico de lectores. Bastaría con declarar: “este medio, por tales y tales razones, apoya esta candidatura y considera que aquella otra puede ser dañina para el país.” Dentro de ese marco, claro está, cabe la pluralidad de las voces de los editorialistas y la objetividad de sus estudios técnicos, como son las encuestas. El lector de ese medio sabría claramente a qué atenerse.

¿Por qué no funcionan así los medios mexicanos? Escudados en la neutralidad pluralista, esperan el nombre del ganador de la elección para sumarse a uno de los más deplorables actos de nuestra vida política: la cargada. Lamentable espectáculo en donde todos fingen que desde el principio apoyaron al ganador para no quedar en el error, es decir, fuera del presupuesto.

Los medios podrían decir: Tenemos estos intereses, esta ideología y estas creencias, y quien se asome a este medio debe saberlo antes de leer lo que aquí se informa. La transparencia como nuevo paradigma informativo.

Twitter: @Fernandogr

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