Opinión

La gran transformación

Hace 21 años empecé a publicar, y lo hice aquí, precisamente, en El Financiero, invitado entonces por Jorge E. Rodríguez, quien ya no está con nosotros. Ahora, gracias a la generosidad de Enrique Quintana, regreso a esta casa, justo en este proceso de renovación que augura muchos éxitos.

Y empiezo comentando acerca de otro proceso de transformación, en el que estamos involucrados todos. Durante 2013 México realizó una gran cantidad de reformas, que en conjunto representan el cambio más importante de dirección del país desde el TLCAN. De hecho, si consideramos todo el proceso, desde agosto de 1986 en que ingresamos al GATT, hasta diciembre de 2013, cuando se modificó el artículo 27 en lo referente al petróleo, creo que hablamos de un proceso de importancia similar a eso que llamamos Revolución Mexicana. Afortunadamente, con mucho menos violencia.

En aquella época, el proceso de transformación implicó el estancamiento absoluto del país. México creció, entre 1910 y 1938, exactamente cero. Ahora, en los 27 años de transformación, el crecimiento es magro: 1 por ciento por habitante, promedio anual. Pero eso es mucho más que cero, indudablemente.

Así, hemos logrado en las últimas tres décadas transformar al país, con mucho menos violencia que a inicios del siglo XX, y con un poco más de éxito económico. Entonces construimos un régimen autoritario con una economía colectivista, que nos llevó a ser un fracaso en el resto de ese siglo. Ahora construimos una economía abierta, en un régimen democrático, y aunque seguimos arrastrando muchos defectos del viejo arreglo, destacadamente nuestro desprecio por la ley, avanzamos.

Pero esa transformación sólo se percibe en plazos largos, no en lo cotidiano. Ahí lo que vemos hoy es estancamiento e incertidumbre. Así arrancó 2014, con la economía detenida, ya no por la caída de la construcción del año anterior, sino por una combinación de incertidumbre en el sector privado y un raro estancamiento en el público.

Mientras buena parte de las reformas que servirán para hacer a este país más competitivo tardarán meses y años para fructificar, sus efectos negativos no tardaron ni días en notarse. La combinación de la reforma fiscal, la financiera y la ley contra lavado de dinero ha tenido un impacto muy importante en el flujo de capital en nuestro país. Esto sólo se explica por lo que ya sabemos: acá las leyes han sido de adorno, pero están dejando de serlo. Millones de mexicanos que han vivido al margen de la ley están siendo obligados a cumplirla, y eso no se traga fácil. No hay muchos que lo reconozcan, porque tendrían que reconocer también que durante toda su vida han pagado menos impuestos de los debidos, y han hecho negocios, por decirlo bonito, no muy derechos.

Se suponía que la caída de gasto privado se compensaría, al menos en parte, con mayor gasto del gobierno, porque para eso se autorizó un endeudamiento de poco más de medio billón de pesos. Raro, pero no se nota ese gasto. Me dicen que el gobierno sigue sin gastar, pero todavía no entiendo por qué. Urge que lo haga.

Vivimos un momento de grandes cambios. El Financiero así lo ha entendido. Todos debemos entenderlo.