Opinión

La gran disyuntiva de México

Seguramente usted se acuerda del juego entre México y Holanda en la Copa del Mundo de Brasil.

Cuando faltaban cinco minutos para que terminara el encuentro parecía que el representativo de nuestro país iba a conseguir finalmente pasar al anhelado quinto partido.

Y, de repente, como en una pesadilla, todo cambió.

Nos empataron y nos ganaron en un suspiro.

Otra vez tuvimos la oportunidad al alcance y por una falta de concentración la dejamos ir.

Si me permite la metáfora, hoy estamos en México en el minuto 85 y se nos empezó a descomponer el partido.

Cuando pensamos que el país había dado el gran salto a la democracia en el año 2000, nos dimos cuenta de que quizá pasábamos de “Guatemala a Guatepeor”, como dice el dicho.

Antes, estuvimos en la antesala de la construcción de un país moderno, al final de 1993, y en pocos meses, durante 1994, el país se descompuso. Llegó primero la crisis política y luego la económica.

Muchos años atrás nos sacamos la lotería: los hallazgos petroleros de los 70, con el campo detectado por el pescador Rudesindo Cantarell, que dio lugar a uno de los desarrollos petroleros más grandes de la historia. Pero, la irracionalidad en el manejo de las finanzas públicas con déficit de dos dígitos como proporción del PIB dio al traste con ese premio.

Hoy estamos otra vez en el umbral del crecimiento sostenido.

Como hace décadas no ocurría, el país está en el curso de operar reformas que nos conducirían a la competitividad y al crecimiento sostenido de mediano plazo.

Tenemos una oportunidad inédita. Pero, sólo oportunidad.

Y, de repente, en algunas semanas, nos damos cuenta de que en el mundo México ha dejado de ser considerado como el único país emergente que está haciendo reformas de gran calado y se le empieza a identificar ahora como una nación -que como las más primitivas de África- se hace notar por las masacres y la violación de los derechos humanos.

Y lo peor es que eso no es cierto de manera general.

Ya se lo he dicho muchas veces y lo reitero: México no es Iguala.

Más allá de la indignación y el dolor, lo que ocurrió en Iguala no es el común denominador de México.

Y, más allá: las protestas, presuntamente por lo ocurrido, en la mayor parte de los casos, nada tienen que ver con el dolor y la indignación, sino con la subversión y el vandalismo.

Es cierto –como le he dicho una y otra vez en este espacio– que hasta ahora no hay proyectos de inversión relevantes que se hayan cancelado por inseguridad. No quita esto el impacto destructivo que hay en casos como Acapulco o en las actividades productivas de Michoacán.

Pero, si seguimos semanas y meses vistos por los medios más importantes del mundo como un país sin ley y lleno de violencia, entonces la inversión no va a llegar.

Hay que aprender de la historia. No es la primera vez que tenemos la oportunidad de construir una nación que tiene la capacidad de crecer de manera sostenida. Y como le hemos comentado, otras ocasiones hemos dejado pasar esa oportunidad.

Ojalá que la sociedad y el propio gobierno tengamos capacidad para que esta oportunidad no la dejemos ir.

Twitter: @E_Q