Opinión

La gran crisis china apenas empieza

1
 

 

bolsa china

La economía mundial se queda sin motores de crecimiento. Hace diez años había tres: la fuerte expansión china, la segunda economía más grande del mundo; la de países emergentes como los de América Latina y Asia, proveedores de materias primas para el insaciable apetito chino; y la estadounidense, resultado del fuerte aumento en la productividad por la adopción de nuevas y poderosas tecnologías, como internet, y de la ubicuidad de la telefonía celular y de computadoras personales que daba origen a nuevas y prósperas empresas. Hoy, los tres motores se apagan por distintas razones. Podemos afirmar que el crecimiento mundial en la próxima década (y quizá más allá de eso) será mucho menor al que vimos en la primera del nuevo milenio.

El factor que más influyó en el crecimiento mundial es el vertiginoso crecimiento de la deuda a todos los niveles, principalmente en países industrializados, los que más peso tienen en la economía global, y sobre todo en China. Se estima que el endeudamiento total de esa nación pasó de siete billones (millones de millones) de dólares en 2007 a 28 a mediados de 2014. Eso equivale a 282 por ciento del PIB. No toda deuda es necesariamente mala, mucho depende de qué se hace con ésta. En el caso chino, desafortunadamente, una parte importante del endeudamiento está relacionada con bienes raíces. Los gobiernos locales de China promovieron la inversión inmobiliaria para generar inversión y crecimiento.

En un país donde no existen impuestos prediales, la venta de terrenos a desarrolladores inmobiliarios fue una forma eficiente para que gobiernos locales se hicieran de recursos fiscales, que utilizaron para hacer obra pública y generar más inversión. Ésta se hizo sin ton ni son, e incluso se llegaron a destruir obras en perfecto estado para construir nuevas. El objetivo era simplemente crecer y generar empleo en un país donde el gobierno central indica cuál es la cuota de crecimiento para cada provincia.

Desafortunadamente, para generar demanda sobre los nuevos inmuebles, los bancos relajaron sus prácticas crediticias. Cuando el gobierno intentó poner un límite al otorgamiento de crédito, surgió una banca “paralela” desregulada. Ésta se fondeó con depósitos de ahorradores que buscaban obtener tasas más altas de las que ofrecían los bancos oficiales. Crecieron en forma desbocada y su quiebra ahora amenaza con hacer ver a la reciente caída en la bolsa china como un juego de niños.

La famosa crisis del “subprime” estadounidense se originó cuando muchos bancos formaron subsidiarias en paraísos fiscales desde las que financiaban operaciones de alto riesgo en el mercado hipotecario, buscando darle la vuelta a regulaciones que imponían mínimos de capitalización sobre los bancos. El público invirtió en esos instrumentos que quebraron, ocasionando pérdidas multimillonarias a inversionistas de todo tipo que tenían la errada ilusión de que los balances de los bancos que crearon esas empresas respaldaban las operaciones. En China está pasando lo mismo. A diferencia de Estados Unidos, sin embargo, estas empresas “fiduciarias” de la banca paralela recurren al gobierno para que las capitalice, con el argumento de que la masiva pérdida de ahorro podría ocasionar problemas sociales y, evidentemente, tener consecuencias políticas.

El fantástico modelo económico chino (fantástico, de fantasía) está, finalmente, mostrando sus enormes huecos estructurales. Les recuerdo a quienes repiten incansables que el gobierno chino puede resolverlo todo debido a que tiene billones de dólares de reservas en su Banco Central, que también el estadounidense tenía un nivel récord de reservas en 1929, y el japonés en 1989. Ese nivel de acumulación de reservas es más una señal del agotamiento de un modelo económico que de su fuerza. Les recuerdo que los bancos centrales también tienen pasivos, no sólo activos, de un tamaño similar. Seguramente, ahora tendrán que pagar una tasa de interés mucho mayor por éstos denominados en yuan, que la que recibirán por sus depósitos en dólares.

La devaluación del yuan será mucho mayor que lo que hasta ahora hemos visto, en un intento desesperado del gobierno chino por generar demanda internacional por sus exportaciones, en un mundo en el que el consumo está francamente deprimido. Esto es una pésima noticia para exportadores de materias primas pues China les comprará menos con una moneda devaluada. La devaluación continuará en Brasil, Colombia, Chile, Perú, Vietnam, etcétera. En el caso del peso mexicano, a pesar del golpe fiscal por la caída en el precio del petróleo, es una moneda que debería estar en un ciclo más cercano al comportamiento del dólar. Sin embargo, la demanda especulativa y las malas reacciones del gobierno y las muestras de impunidad ayudan poco.

Vienen años duros, de vacas flacas. Urge hacer un esfuerzo real por incrementar la productividad de la economía mexicana, y tomar medidas para hacernos más competitivos. Esta crisis nos está pillando dormidos, no hay tiempo qué perder.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
Trump podría ser presidente
'Habemus' embajador, lo que no hay es política exterior
La impopularidad de EPN le allana el camino a un populista