Opinión

La gran apuesta

 
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Solicitudes de hipotecas

¿Ya leyó usted el libro de Michael Lewis The Big Short o vio acaso la película que fue titulada en español como La Gran Apuesta?

Yo sólo he podido leer el libro, así que ignoro en qué medida lo que él contiene se haya reflejado en la pantalla.

Cuando uno termina de leerlo, no puede sino preguntarse: ¿cómo fue posible que la irracionalidad llegara a los niveles a los que llegó?

No le cuento la trama para no echarle a perder su lectura o su visita a la sala de cine.

Lo que sí le puedo comentar es que hay una revisión del proceso a través del cual, a partir del 2000 o poco más, hubo un boom de las llamadas ‘hipotecas basura’ (subprime) a través del cual los bancos prestaron cientos de miles de millones de dólares a quienes no tenían para pagar.

Pero, apostaron a que la garantía hipotecaria de los préstamos iba a ser suficiente para cubrir cualquier default, en virtud de que por décadas los precios de la vivienda habían estado constantemente al alza.

Bueno, pues lo primero es que en la primera década del siglo lo ocurrido en el pasado ya no fue receta para predecir lo que iba a pasar en el futuro, y los precios de la vivienda cayeron. Entre mayo de 2007 y septiembre de 2008 la caída de los precios de la vivienda en Estados Unidos fue de 8.7 por ciento.

Por si esto fuera poco, los bancos de inversión diseñaron obligaciones respaldadas por deuda (CDOs), en las que empaquetaron ‘hipotecas basura’, sin saber bien a bien qué metían adentro de estos instrumentos estructurados. Éstos crecieron en cientos de miles de millones de dólares y fueron fuente de utilidades de grandes bancos de inversión de Estados Unidos, Europa y Japón.

Por si algo faltara aparecieron los CDS, es decir, seguros contra el default de los CDOs.

Lo que de por sí ya iba a ser una debacle bancaria de proporciones gigantescas, al integrarse estos dos tipos de instrumentos se convirtió en un cataclismo que estuvo a punto de arrasar con el sistema financiero internacional completito, aunque sí lo hizo con una parte significativa de éste.

Los inversionistas de Wall Street tienen como norma la codicia, y eso a nadie asusta. Llevan más de un siglo funcionando así.

Lo que falló en esta historia fue el sistema de controles.

El primer gran fracaso fue el de las calificadoras, que cayeron en una bancarrota moral, aunque ninguna de las grandes quebró.

Y el segundo fue el descrédito de las autoridades monetarias, que consideraban como un gran mérito la creatividad del mercado en Wall Street e intervinieron hasta que ya fue demasiado tarde.

Quizá por remordimiento, la Reserva Federal respondió lanzando a la economía dinero en escala masiva –como nunca en la historia– y de manera relativamente exitosa detuvo la gran crisis… en Estados Unidos.

La historia detrás del texto es que el desastre se pudo evitar. Sí hubo quienes advirtieron respecto al apocalipsis que venía, y no sólo eso, sino que además hicieron mucho dinero apostando a que sucedería.

Pero la aceptación de la opinión compartida por parte de la mayoría de las instituciones financieras de que no había problema así como la pereza mental asociada con la codicia, generaron un derrumbe que ha marcado ya nuestro tiempo.

En la volatilidad que hoy vemos hay todavía polvos de aquellos lodos. Esa crisis va a tener un impacto que tal vez no se vaya del todo una década después.

Twitter: @E_Q_

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