Opinión

La fuerza del Estado

Hace unas semanas le comentaba que una democracia moderna consiste en tener un Estado fuerte, limitado por la ley, y responsable frente a los ciudadanos. México no conoce eso. De nuestros 200 años de historia, los primeros 50 se nos fueron sin nada de lo anterior; el primer Estado fuerte es la República Restaurada, a partir de 1867. Pero sobre todo con Díaz en el poder, desde 1884, tuvimos un Estado fuerte, sin limitación ni responsabilidad, hasta que en 1910 perdimos lo primero por un cuarto de siglo. El nuevo Estado fuerte es construido por Cárdenas (aunque muchos afirman que por Calles, un lustro antes). Y así nos fuimos hasta el derrumbe del régimen de la Revolución en 1997. Desde entonces, ha crecido de forma importante el control de la ley, pero como partía de cero, todavía no hemos logrado mucho. Creo que también hay más responsabilidad frente a la ciudadanía, pero con el mismo problema, venía de cero.

Pero se nos derrumbó el Estado fuerte con el viejo régimen, y la dispersión del poder nos ha ido complicando la vida. Por un lado, las viejas corporaciones, que eran la estructura del viejo régimen, se hicieron autónomas: líderes sindicales, empresarios dominantes, grupos rurales subversivos, lo que usted guste. También gobernadores, que antes eran empleados presidenciales y desde 1997 se convirtieron en mini-presidentes al viejo estilo. Partidos políticos y legisladores sin coordinación ni dirección. Grupos al interior de los partidos, tribus, y también organizaciones populares. Más todavía: crimen organizado.

El Estado es una necesidad para una sociedad grande, pero también es un gran negocio. El Estado extrae recursos de la sociedad, estorba o promueve actividades, afecta el rumbo, y todo eso significa riqueza. Por eso el Estado atrae mucho. Si no es fuerte, habrá competidores que busquen sustituirlo. Por eso la debilidad del Estado es tan grave: de ahí nuestra tragedia en los primeros 50 años de Nación, pero también los 25 después de la salida de Díaz. La disputa por el poder, es decir el Estado, es decir la riqueza, la puede uno interpretar como el desorden del siglo XIX, la revolución del siglo XX, o el período de interregno que hemos vivido recientemente. A Estado débil, ganancia de pescadores.

Creo que es en esa perspectiva que podemos entender mejor el crimen organizado. No se trata de narcotráfico, aunque ésa pueda ser una de sus dimensiones. De lo que se trata es de sustituir al Estado, aunque sea en una pequeña región: Tamaulipas para “Los Zetas”, Michoacán para “La Familia”, “Templarios”, o lo que sea, Guerrero para diversos grupos en pugna, y no olvide usted zonas más pequeñas: colonias controladas por el rufián local.

Es por eso que me parece que el primer paso para que México funcione bien es la recuperación del Estado fuerte. Sin él, no se puede subordinar a sindicatos, empresarios, gobernadores, o como les dicen ahora “poderes fácticos”, pero tampoco se puede reducir a la otra amenaza, el crimen organizado.

La gran diferencia con el pasado sería que ahora lográsemos construir este Estado fuerte bajo la limitación creciente de la ley y con una mayor responsabilidad frente a los ciudadanos. Pero al revés no se puede: sin fortaleza, ni ley ni responsabilidad.

Twitter: @macariomx