Opinión

La fragilidad de la confianza

 
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ayuno

La confianza se pierde rápidamente, para las personas, las empresas, las instituciones, los gobiernos. Recuperarla es complejo, incierto y tardado.

Van algunos ejemplos recientes.

1.- El escándalo de Volkswagen, la empresa automotriz que ya se había convertido este año en la número uno del mundo, va a seguirse estudiando y tratando de entender por años y años.

Resulta que alguien tomó una decisión corporativa para engañar deliberadamente a los reguladores de emisiones en Estados Unidos y falsear la información sobre las emisiones contaminantes de los motores diesel en diversos modelos.

Se les pescó en el engaño, lo que obligó a la renuncia del director general, a separar siete mil 300 millones de dólares para hacer frente a los consecuencias de este engaño, y una pérdida en el valor de la empresa, a tres días de que estalló la crisis, por el equivalente a 22 mil 855 millones de dólares.

Pero quizá lo peor será la pérdida de confianza de los consumidores.

Ganó la ambición. Para ahorrarse dinero que debería haber sido invertido para reducir la contaminación de este tipo de motores, se optó por el engaño.

El costo es incuantificable y la recuperación de la confianza incierta.

2.- La Reserva Federal decidió la semana pasada no incrementar las tasas de interés. Argumentó la baja inflación y la volatilidad financiera mundial. Pero su presidenta dijo que el aumento podría ocurrir en octubre.

Los expertos lo descartaron del todo. Los mismos datos que la semana pasada llevaron a posponer el incremento estarán vigentes en octubre. Las opiniones se han dividido respecto a si el incremento será en diciembre o hasta 2016.

Una decisión que pretendía tener un efecto positivo en los mercados se convirtió en un autogol que erosionó la confianza en el Banco Central más importante del mundo y que nos anticipa otro periodo de volatilidad financiera, casi por todo lo que resta del año.

3.- Aquí en México hemos tenido una enorme pérdida de confianza en el gobierno federal por los hechos de Iguala.

Aunque la responsabilidad principal corresponde a grupos de delincuentes arropados por las autoridades municipales y el gobierno estatal del PRD, increíblemente la lenta reacción, los titubeos y la cuestionable investigación del gobierno federal han llevado a una severa crisis de confianza.

Pareciera ya no importar si se hizo lo correcto o no, en el caso de los hechos de Iguala, pues un amplio sector de la sociedad ya sentenció.

Es un caso en el que más por omisiones y equívocos que por responsabilidad directa, se pierde la confianza.

En este mundo cada vez más abierto e interactivo, la confianza es no sólo un valor, es un activo.

Construirla es largo y complejo. Y en contraste, se derrumba en momentos.

No es fácil asumir esta asimetría y con frecuencia, no creer que la confianza se puede venir para abajo es causa de que al final eso ocurra. ¿Justo? ¿Injusto? No lo sé. Pero es un hecho real que más nos vale que entendamos.

Twitter: @E_Q_

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