Opinión

La eterna fugacidad de todas las cosas

   
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La eterna fugacidad de todas las cosas.
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José Emilio Pacheco.

Pensamos que el mal mayor es la corrupción. Y no. Es el tiempo que todo lo gasta. El tiempo y su agente corrosivo: el olvido. Llevamos un par de siglos enamorados del cambio sin apenas darnos cuenta de que toda mudanza implica destrucción. Vivimos enamorados de la moda y sus novedades aun y cuando sabemos por Leopardi que la moda es hermana de la muerte. Se ha acelerado la obsolescencia: la vida útil de las cosas se redujo a un parpadeo. No siempre fue así. Durante la Revolución Francesa los insurrectos lanzaban piedras a los relojes para intentar, inútilmente, detener el tiempo. Como la arena, el tiempo se nos escapa entre los dedos y tú, lector, no recordarás en unos minutos o unas horas haber leído estas líneas. El dolor del tiempo que se va y no vuelve tuvo su cantor y su testigo: José Emilio Pacheco. Hoy y aquí luchamos contra el olvido para recordarlo.

Durante algunos años Proceso fue una gran revista. Semanalmente leíamos en sus páginas las colaboraciones de García Márquez, Cortázar, Del Paso y el infaltable Inventario de José Emilio Pacheco. La columna nació años atrás, en la Revista de la Universidad bajo el nombre de 'Simpatías y diferencias' (1960-63).

Más tarde mudó a La Cultura en México con el título de 'Calendario' (1964-1972).

Finalmente apareció con el nombre de 'Inventario' en el Diorama de la Cultura de Excélsior (1973-76). Tras la salida de Scherer, Pacheco cambió a Proceso donde su columna apareció regularmente hasta 2014, año de su fallecimiento. Durante cincuenta y cuatro años José Emilio sostuvo su columna, ejemplo del más alto periodismo cultural que se haya escrito en México.

José Emilio Pacheco recopiló y editó las crónicas semanales que escribió Salvador Novo y las publicó en tres voluminosos tomos: La vida en México en el periodo de Lázaro Cárdenas (I), de Ávila Camacho (II) y de Miguel Alemán (III).

Todo México está en esas páginas. Traigo esto a cuento porque Editorial Era ha puesto a circular una antología en tres tomos de 'Inventario', de Pacheco. Si Novo hizo la crónica sobre todo de la 'alta sociedad', José Emilio refleja en sus 'Inventarios' la vida en México desde el periodo de Díaz Ordaz hasta el de Peña Nieto, pero su registro es mucho más amplio que el de Novo: escribe sobre historia, política, literatura, cine, sociedad, cultura; escribe sobre México y el mundo; escribe ensayos, crónicas, sátiras, parodias, poemas en prosa, diálogos imaginarios, poemas, traducciones; escribe con miles de datos a la mano pero también imagina, sintetiza, divulga. En cientos de sus artículos campea el buen humor, en otros se impone la seriedad del tema y en muchos de ellos predomina la 'crónica cotidiana de la violencia y el horror'.

En el centro de la vida de José Emilio Pacheco estaban los libros. Lo cuenta Vicente Leñero: en su casa había “libros en el comedor, libros en los pasillos, libros en el estudio y más libros de piso a techo en las habitaciones de la planta alta”. Gabriel Zaid ha hecho la crítica de los que brincan de los libros al poder, Pacheco es ejemplo de lo contrario: de los libros, al saber; y de ahí a comunicarlo a sus lectores.

Sin dejar de lado la claridad y la pasión, la asociación es el secreto del encanto de los 'Inventarios' de Pacheco. Brillante ejecutor de la analogía, José Emilio tejía finos y complejos textos en los que relacionaba lo cercano con lo antiguo, lo local con lo distante, lo cotidiano con lo más inusitado. Lo dominaba una certeza: todo lo que escribimos es provisional. “El signo de las cosas es gastarse”.

Durante más de cincuenta años José Emilio Pacheco realizó un pormenorizado inventario de las aventuras de la imaginación y de las desventuras de la política y la historia. Con prosa clara, digna heredera de Reyes y de Paz, supo condensar en sus textos el latido del mundo.

Fue sin duda un gran escritor y un aventajado, infatigable y gozoso lector.

La anécdota la registra Vicente Leñero en Los periodistas: en uno de los momentos más difíciles luego del golpe propinado por Echeverría a Excélsior, se encontraban en casa de Cristina y José Emilio Pacheco, Julio Scherer, Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa. Todos revisaban con detenimiento un desplegado de Echeverría. “José Emilio fue el más penetrante y descubrió un acto fallido digno de un análisis freudiano.

Señaló el periódico. Vean aquí donde dice –leyó Pacheco– “en relación con el problema creado en forma espontánea en una cooperativa”. ¿Y eso qué? –preguntó Leñero–. “Problema creado y forma espontánea es una contradicción. En el fondo Echeverría reconoce que fue un problema creado, es decir, no surgido de forma espontánea sino creado desde el exterior. Dijo creado y no surgido. Delató el inconsciente a Echeverría…”

Leer es un arte y José Emilio Pacheco fue un gran maestro de lectura. 'Inventario' es la crónica de ese riguroso y extraordinario magisterio.

Twitter: @Fernandogr

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