Opinión

La estrategia 

  
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Hace diez años inició la versión reciente de la 'guerra contra el narcotráfico'. Con ese mismo nombre, desde inicios de los setenta, se define la estrategia estadounidense en contra del tráfico de estupefacientes, que en esa misma década tuvo efectos importantes en México, en la siguiente en el Caribe, en los noventa otra vez en nuestro país, y a partir de 2006 también se utiliza para describir la participación activa del Ejército y Marina en el combate al crimen organizado, específicamente el relacionado con el narcotráfico.

Hay personas que afirman que esta guerra fue una decisión innecesaria de Felipe Calderón. Algunos le llaman 'guerra optativa', otros sostienen que se trató de un intento de legitimación después del proceso electoral de 2006. Estas opiniones, me parece, tienen lógica desde el centro del país, en donde el impacto del narcotráfico ha sido siempre muy limitado, pero no tanta si se ve desde otras partes.

Por ejemplo, Michoacán estaba ya en una situación inmanejable. En julio de 2006 aventaron las cabezas en la pista de baile de la discoteca Pink en Uruapan. El gobernador Lázaro Cárdenas Batel no tenía control de su estado, y le pidió a Calderón, también michoacano, apoyo. La llegada de militares a Michoacán fue exitosa en los primeros meses, y de hecho fue durante ese 2007 que se alcanzó el mínimo de homicidios en la historia registrada. Ese aparente éxito convenció a Calderón de mover los operativos a Tijuana, en 2008, en donde también hubo buenos resultados, y luego a Ciudad Juárez, en 2009. Pero en ese mismo año fue muerto Arturo Beltrán Leyva, y el enfrentamiento entre su grupo y el Cártel de Sinaloa, así como la desaparición del control que él mantenía en el sur del país (desde el sur del Distrito Federal hasta Guerrero, pasando por Morelos y parte de Michoacán), provocaron un incremento muy significativo de la violencia. Del otro lado del país, la rebelión de Los Zetas frente a su creador y patrón, el Cártel del Golfo, también provocó mucha mayor violencia en esa región. La suma nos llevó a un crecimiento muy importante durante 2009 y 2010, que incluso afectó a Monterrey.

La derrota de Los Beltrán y del Golfo permitió una paulatina pacificación desde mediados de 2011 en adelante, de forma que cuando inició esta administración parecía que la tendencia les ayudaba. Pero Michoacán empezó a tener un problema nuevo, la dispersión de la violencia, que también puede verse ahora en Guerrero, y en varias otras zonas del sur y sureste del país. El espacio de Los Beltrán fue cubierto por el Cártel Jalisco Nueva Generación, que retomó la guerra contra Sinaloa. Y la violencia volvió a crecer desde mediados de 2015, y ahora estamos llegando a los niveles altos del ciclo previo.

En todo esto, se ha discutido desde la decisión inicial hasta algo raro llamado 'estrategia', e incluso ha habido quien sugiere resolver la violencia con el perdón y la reconstrucción del tejido social. Se entiende, en un país en el que el respeto a la autoridad no es un valor reconocido por todos, y en el que el mito de Chucho el Roto sigue siendo referencia. Es frecuente que 'el pueblo' se enfrente a la Policía, sea municipal, estatal o federal, e incluso al Ejército, en defensa de lo que creen que es suyo: desde el control de las normales rurales hasta la ordeña de combustible, pasando por la piratería, la pirotecnia, y lo que se le ocurra.

En estos diez años no hemos construido un cuerpo de seguridad suficientemente grande ni le hemos dado marco jurídico a las Fuerzas Armadas ni hemos resuelto nada. Por eso no entiendo a qué se le llama estrategia.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

​Twitter: @macariomx

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