Opinión

La estorbosa sucesión priista

   
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Llamada. El presidente Peña Nieto dijo que la conversación con Donald Trump fue cordial, amable y respetuosa. (Especial)

Corre la versión de que cuando las protestas por el gasolinazo comenzaron a salirse de madre, un gobernador buscó al titular de Gobernación para solicitarle ayuda. Lo más que ese mandatario obtuvo fue un mensaje por WhatsApp donde lo mandaron con el Comisionado Nacional de Seguridad: “Velo con Renato”.

No suena lógico que Miguel Ángel Osorio Chong haya preferido seguir en sus vacaciones a atender los incendiarios focos de tensión que se fueron multiplicando en todo el país.

Pero el hecho es que durante demasiados días Osorio y otros miembros del gabinete dejaron solo al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, en eso de dar la cara ante los cuestionamientos por el gasolinazo.

Y más. Cuando la semana pasada el gobierno federal anunció que la Secretaría de Gobernación daría un mensaje, posicionamiento que sería el producto de una reunión en Bucareli con funcionarios de diversos estados para analizar la ingobernabilidad evidenciada en saqueos, violentos incidentes en algunas marchas y bloqueos carreteros, en tan delicada coyuntura alguien en la Segob decidió que era un gran momento para que no saliera Osorio Chong a dar ese mensaje. En vez de ello, mandaron al podio a René Juárez, exgobernador y debutante subsecretario cuya figura al ciudadano promedio le dice nada, absolutamente nada relevante en este momento.

Nadie está diciendo que Osorio se haya ausentado esos días de la crisis como parte de un mezquino cálculo político para cuidar su precandidatura de los costos del gasolinazo.

Sin embargo, lo cierto es que el priista que más alto aparece en las encuestas rumbo a 2018 no ha tenido protagonismo, para bien o para mal, en esta crisis.

Crisis que sí le pega a Meade, por supuesto, y de cierta forma a Luis Videgaray también, dado que el plan económico que llevó al aumento de los combustibles fue ese que dejó redactado en septiembre pasado el hoy secretario de Relaciones Exteriores.

Como parece que lo de hoy es la necesidad de repetir a diestra y siniestra qué es eso del conflicto de interés, cabe preguntarse si el Partido Revolucionario Institucional, es decir el presidente de la República, no debiera adelantar una suerte de banderazo a los precandidatos priistas, y sacar del gabinete a quienes pudieran confundir sus intereses con sus obligaciones.

Encima la cosa se complicará con el nombramiento de Videgaray, of all people, como encargado de enfrentar a Donald Trump.

Si damos por sentado que tres ejes marcarán la relación con el próximo presidente de Estados Unidos –los temas económicos, la migración y la agenda de seguridad–, ¿qué incentivos va a tener Osorio Chong, que al menos en el papel es el encargado de la política migratoria y el coordinador de la seguridad, para plegarse al liderazgo del nuevo secretario de Relaciones Exteriores, a quien no pocos luego luego recolocaron el jueves pasado en el tablero de los presidenciales?

El retorno de Videgaray podría, en efecto, darle más opciones a Enrique Peña Nieto en el juego sucesorio. Sin embargo, en el día a día el presidente ha reinstalado una dinámica que podría traducirse en un pernicioso –para México– juego de suma cero: lo que gane Luis lo pierde Miguel Ángel y viceversa.

El llamado a la unidad que ha hecho repetidamente el presidente Peña Nieto debería tener eco antes que en ningún otro lugar en las filas priistas. Y en el PRI, el jefe máximo debería pedir que los que busquen nuevas aventuras, legítimas, den un paso al lado para que los unos se concentren en el gasolinazo y en Trump, y los otros en su agenda personal.

Twitter: @salcamarena

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