Opinión

La esperada baja de precios

A partir de la aprobación del paquete de legislación secundaria en materia de energía, se han hecho anuncios de que los precios de ciertos productos, como la gasolina, el gas y la electricidad podrían empezar a bajar en ciertas fechas, lo cual es un buen anuncio, que podría generar expectativas en la población y fomentar una aprobación mayor, en especial ahora que la izquierda anda anunciando en radio los fracasos de algunas privatizaciones en el pasado. Dos ejemplos son suficientes; uno es la privatización de la banca, que en opinión de la comisión de competencia existe alta concentración, pero no falta de competencia. El hecho es que las comisiones que cobra la banca son elevadas, el diferencial entre tasas activas y pasivas es enorme y, adicionalmente no hay mucho crédito que fluya hacia la actividad económica. El otro ejemplo son los servicios de telecomunicaciones, en donde una empresa dominante se encargó de exprimir todo el excedente del consumidor durante varios años y a limitar la participación de competidores, labor en la que también la falta de ingenio del gobierno y de diversas autoridades influyó.

Para nadie es desconocido que la CFE opera con déficit y tiene una estructura financiera que debería espantar al más pintado. Dado que es el gobierno quien fija las tarifas y no la empresa, esto se hace con fines de recaudación y no con un objetivo económico claro. Simplemente suben los precios, indizándolos al costo de los combustibles y cierran los ojos y cruzan los dedos para que los consumidores ahorren en el uso de la energía. Al no haber gas, la industria no tiene opción y los hogares reciben en su mayoría un subsidio, un poc extraño, pero subsidio al fin. Simplemente por la ineficiencia de la empresa sus costos de generación y distribución son muy elevados, problema de la empresa, pero al no haber opciones con más competencia, algunos pagan tarifas altísimas y otros reciben su subsidio.

Para bajar las tarifas de electricidad, se requeriría que entraran varios nuevos competidores a la producción y que vendieran, ya sea directamente al consumidor final pagando una renta por el uso de la red a la CFE, o vender a la CFE y que esta no le cargue su ineficiencia y no duplique o triplique las tarifas a las que compra a los nuevos productores. ¿Será posible? En teoría sí, pero habría que tomar medidas drásticas para hacer más eficiente a la empresa, empezando por reducir a menos de la mitad a su personal y al igual que PEMEX, modificar su contrato colectivo para que sea menos oneroso.

En el caso de la gasolina el problema es un poco más complejo, ya que se trata de un bien comerciable internacionalmente, al menos con nuestros vecinos del norte y si por decreto se baja el precio, quienes recibirán parte del beneficio serían precisamente ellos. Aquí lo que conviene es flexibilizar los precios y ajustarlos cada vez que haya cambios en el mercado de referencia en el norte, ya sea con California o Texas y la otra opción es que se permita la entrada de nuevos participantes al mercado, cosa que se hará hasta el 2018.

Las reformas per se no van a provocar que los precios bajen y en el caso de la gasolina hay que ser muy cuidadoso para no descuidar el costo de oportunidad que representa la enorme frontera con el mercado más grande del mundo. Si hoy en día hay robos de combustible y un mercado negro que funciona en apariencia muy bien, imagínese lo que sucedería con un diferencial de precios que justifique comprar aquí y revender allá. En el caso de le electricidad el problema es más complejo y sólo con mayor competencia y eficiencia se podrá logra el objetivo; o sea, hay que empezar ya.