Opinión

La equivocada idea de la imperiosa licenciatura

 
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La macha llegó a la Rectoría de Ciudad Universitaria. (Alejandro Meléndez)

El desasosiego que provoca la desigualdad se agrava cuando ésta encuentra su origen en la falta de oportunidades, la falta de empleo. Es quizá la desocupación uno de los más grandes temores que atraviesa el hombre contemporáneo. El derecho al trabajo y su materialización constituye, por consiguiente, un elemento primordial para la estabilidad mental, física y espiritual del individuo y, por sus cualidades de hombre social, de la comunidad a la que pertenece.

Sin embargo, el ejercicio del empleo no se puede ver como una prerrogativa aislada que tutelan los ordenamientos jurídicos superiores, éste queda supeditado al cumplimiento y observancia primaria de otros derechos determinantes, como el derecho a la educación y a la capacitación para el trabajo. La tranquilidad del individuo sí radica, desde sus primeros años, en la tutela efectiva y validez del derecho a la educación.

Vivimos complejas circunstancias históricas en las que, existiendo la necesidad de emplear a la gente y, por ende, de capacitarla, algunos de quienes tienen la tarea primordial de hacerlo se oponen a ser evaluados y, por consiguiente, a cumplir con los mismos principios que aplican a sus propios educandos. Ante la contundente necesidad de mejorar la calidad educativa de los mexicanos, un grupo rijoso de opositores superponen intereses personales que demuestran el nido de corrupción en el que se sustenta una lucha inmoral que arrebata a los niños del sur de la República el derecho primario del que depende su futuro.

El punto que quisiéramos destacar, sin embargo, no tiene que ver con la desviación de los caminos del grupo de maestros que se manifiestan contra la reforma educativa, sino más bien con el equivocado rumbo que sigue la educación nacional en todos los sectores, en la que se privilegia la estandarización de la información impartida, y se soslaya el obligado desarrollo avanzado de las potencialidades individuales al que la educación de calidad debería estar apuntada.

Esta semana tuvo lugar una marcha más de estudiantes no aceptados para cursar la educación superior, la educación universitaria. Podemos entender el sufrimiento que provoca, en agravio de una generación muy vasta de jóvenes desocupados, la incertidumbre que les produce desconocer su suerte y su destino, ahora que no tienen cabida en un aula escolar y, al mismo tiempo, no hay campo en los lugares de trabajo para recibirlos, amén de su falta de educación o su inexperiencia.

No cuestionamos en forma alguna su derecho a una educación de calidad, sí en cambio, la equivocada idea de que todo mexicano debe atravesar las aulas para convertirse, forzosa, irremediable e irracionalmente, en un licenciado.

El sistema educativo debería orientarse a la clasificación y desarrollo de las capacidades individuales, siempre alrededor de perspectivas de ocupación que se alimentaran en un gran acuerdo nacional con los empleadores. La educación puede válidamente abarcar, además de la preparación profesional o en lugar de ella, la realización de prácticas que permitan al educado el perfeccionamiento de una técnica o un oficio, en sintonía con las necesidades del mercado.

Si bien no hablamos de un ejercicio simétrico ni matemático de producción de trabajadores, que mermara el libre desarrollo de su personalidad, sí cuando menos nos referimos a la implementación de políticas públicas que encaminaran las actividades de preparación de la juventud en el rumbo de lograr y cumplir el anhelado derecho de toda persona a la ocupación y al trabajo.

Siguen y continuarán los movimientos de estudiantes no aceptados, por la equivocada creencia que el sistema ha propiciado, de que un grado de licenciatura conlleva al éxito en la búsqueda del empleo.

En los días en los que el desempeño económico puede producir incertidumbre, resulta imperante la observancia de directrices eficaces en el ejercicio de la función pública, que produzcan un cambio ágil y efectivo de paradigmas en pro de la educación técnica de calidad, por oposición a la educación profesional terriblemente devaluada, y para provocar esa conexión entre los factores de la producción que hicieran de nuestro país una zona más competitiva.

Twitter: @Cuellar_Steffan

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