Opinión

La economía mexicana sigue débil

El Indicador Global de la Actividad Económica de agosto, dado a conocer la semana pasada, mostró de manera sorpresiva que la producción en México tuvo una disminución de 0.17 por ciento con respecto al mes anterior y ajustada por estacionalidad, lo cual equivale a una retracción cercana a 2.0 por ciento en términos anuales. Las actividades primarias cayeron 0.24 por ciento en el mes y las de servicios (esto es las actividades terciarias) 0.24 por ciento, mientras que las secundarias fueron positivas en 0.37 por ciento con respecto al mes anterior. Esta disminución es sólo durante un mes y no tienen que significar un cambio de tendencia, pero confirma el débil dinamismo de la economía mexicana.

Con este dato se tiene un crecimiento promedio de la economía de 1.8 por ciento en el periodo de enero a agosto, con respecto a los mismos meses del año anterior, lo cual dificulta lograr el objetivo que se tenía para todo el año. Por lo mismo, en los siguientes días veremos que las distintas instituciones financieras harán ajustes a sus pronósticos de producción a la baja.

Son varias las causas de este bajo dinamismo, tanto externas como internas. Entre aquellas destacan la difícil situación en Europa, destacando que las tres principales economías de aquella zona (Alemania, Francia e Italia) ya muestran una caída en su producción, lo que hace temer que se inicie una nueva recesión en los siguientes meses. Además, preocupa el menor crecimiento en la economía de China, lo que se refleja en una caída en la demanda y en los precios de las principales materias primas y en el petróleo. Esta situación ha podido ser compensada en parte por el crecimiento que se mantiene en la economía norteamericana.

En el aspecto interno todavía hay incertidumbre en la manera en que impactan las reformas estructurales a las empresas en el corto y mediano plazos (aunque existe el consenso de que son positivas en el largo plazo); por otro lado, todavía se tiene un retraso en los distintos proyectos de infraestructura y en el sector de la construcción, así como el efecto de la presión inflacionaria derivada de los distintos incrementos de precios y la situación de inseguridad que existe en el país. A esto habría que agregar la volatilidad del tipo de cambio, la reforma fiscal y el excesivo costo por los diversos trámites que tienen que realizar las empresas a nivel federal y sobre todo a nivel estatal y municipal.

En resumen, el entorno económico externo e interno han dificultado la recuperación sólida de la economía mexicana. Por lo tanto, habrá que perseverar en las medidas que permitan la recuperación de las empresas, sobre todo en las pequeñas y medianas para que aumenten su producción, su inversión y, en consecuencia, en la generación de empleo y de ingresos para las distintas familias.

* El autor es economista.