Opinión

La economía mexicana parece estancarse

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La semana pasada se conoció el dato para febrero del Indicador Global de la Actividad Económica de México (IGAE), el cual es el índice mensual más cercano al PIB, que se reporta de manera trimestral. Sorprendió a los mercados porque fue menor a lo esperado, de 0.0 por ciento con respecto al mes anterior, por lo que el comparativo con febrero del año anterior fue de sólo 2.2 por ciento, inferior al que había registrado en los meses anteriores. Mientras algunos piensan que fue un dato aislado débil y que no marca una tendencia, otros muestran temor de que se esté debilitando la economía mexicana.

En las últimas décadas ha sido muy clara la interrelación que existe entre la economía mexicana y la producción industrial de Estados Unidos, ya que mientras esta última crece, se tienen beneficios directos en la nuestra y viceversa. Las vías de comunicación entre ambas son muy variadas, tanto por medio de nuestras exportaciones como por las remesas que mandan los trabajadores que están en el extranjero; tanto por la entrada de ingresos derivados de turismo como por los flujos de inversiones del extranjero, y varias más. En la medida en que nuestro principal socio comercial tenga mayor crecimiento económico genera un ingreso adicional que nos beneficia.

Destaca que nuestro dinamismo normalmente era uno o dos puntos porcentuales superior al que había en Estados Unidos, pero desde que ocurrió la crisis global en 2008 nuestra tasa de crecimiento se sitúa con la misma tendencia, pero por debajo de lo que sucede en aquel país. Así, en el último lustro la producción industrial norteamericana crece entre tres y cinco por ciento y el IGAE de México lo hace entre dos y tres por ciento. Este diferencial de menor dinamismo interno sucede a pesar de un mayor gasto público, de una creciente inversión extranjera y por un consumo interno que empieza a mejorar.

Parte de su explicación puede ser que las reformas estructurales aprobadas por el Congreso pueden incrementar el desarrollo en el mediano y largo plazos, pero crean mayor incertidumbre en el corto plazo, al no haberse terminado de aprobar las respectivas leyes secundarias y que las mismas empiecen a operar de una manera fluida y expedita. Otras razones han sido los incrementos en los impuestos tanto al consumo como a las empresas derivados de la reforma fiscal, así como las deterioradas perspectivas que tienen las empresas por la caída en los ingresos petroleros y los anunciados recortes en el presupuesto del gobierno.

Hay que enfatizar que los inversionistas toman sus decisiones con base a lo que perciben que sucederá en el futuro, por lo que incertidumbre y el retraso en la implementación de las leyes secundarias castigan la inversión de las empresas y la producción.

Por otro lado, es especialmente preocupante la reducción que mostró la tasa de crecimiento del sector industrial de Estados Unidos, en marzo pasado a 2.0 por ciento, después de tener tasas superiores a 4.0 por ciento durante nueve meses consecutivos anteriores. Una posible explicación de esta desaceleración se puede atribuir al fortalecimiento del dólar frente a la mayoría de las divisas del mundo, lo cual le resta competitividad a sus exportaciones perjudicando a su industria. Otras razones son el difícil entorno económico internacional, principalmente en Europa y en China.

De mantenerse el debilitamiento de la industria norteamericana y menores perspectivas nacionales, es posible que la economía nacional continúe con bajas tasas de crecimiento económico en los siguientes meses.

El autor es economista.

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