Opinión

La economía mexicana mejoró en febrero, pero persisten graves riesgos externos

 
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A pesar del adverso entorno por el que atravesamos, nuestro indicador oportuno de la economía de México para febrero y sus componentes parecen señalarnos una mejoría reciente.

El Indicador Bursamétrica de la Economía Mexicana (IBEM) registró 131.52 unidades, lo que se compara favorablemente con los 130.52 puntos reportados para enero, creciendo en 7.43 por ciento anual, mientras que en enero aumentó en 3.57 por ciento anual. Esta aceleración es notoria considerando que el año pasado febrero tuvo 29 días, es decir un día hábil más que este año.

Con nuestro indicador IBAM, nuestra estimación del IGAE de enero es de un crecimiento de alrededor de 1.9 por ciento anual, con cifras desestacionalizadas. Nuestra estimación preliminar para febrero es de un crecimiento de 1.0 por ciento anual, bajo cifras originales.

Al interior del indicador se destaca la recuperación de la industria automotriz y de las exportaciones de automóviles. De acuerdo con la AMIA, la producción creció en 11 por ciento anual y las exportaciones de automóviles aumentaron en 9.0 por ciento anual. En enero la producción automotriz creció 4.1 por ciento y las exportaciones bajaron 0.7 por ciento anual.

Detrás de esta recuperación está el dinamismo de la actividad económica de Estados Unidos. Los indicadores ISM de febrero se ubicaron en 57.7 en la manufactura y 57.6 para los servicios, niveles que reflejan una importante aceleración en la economía estadounidense, que probablemente está reaccionando de manera positiva a las promesas del presidente Trump de bajar agresivamente los impuestos, e incrementar fuertemente el gasto en infraestructura y en armamento.

En el mercado interno se destaca el incremento de 1.5 por ciento real anual en las ventas de Walmart México, en semanas comparables, así como un crecimiento de 6.0 por ciento anual en las ventas de automóviles en las agencias automotrices domésticas.

Estas cifras contrastan con las expectativas que reflejan algunos indicadores de difusión como los del IMEF que en febrero se ubicaron en niveles muy por debajo del umbral entre crecimiento y contracción, que se considera en 50 puntos; el IMEF de manufactura se ubicó en 46.8 puntos, mientras que el no manufacturero se reportó en 46.2 puntos.

Otros indicadores de difusión, como el Índice de Confianza Económica (IMCE) del Instituto Mexicano de Contadores Públicos, moderaron su pesimismo. Es decir, están presentando una percepción menos negativa que la que se tenía en el primer mes del año.

Otro indicador relevante sobre las expectativas es el Índice de Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores, que presentó un rendimiento de 9.1 por ciento anual en febrero, mientras que el de enero reportó un rendimiento anual de 8.7 por ciento anual.

El tipo de cambio peso/dólar y el spread entre las tasas en dólares y las tasas en pesos, también están reflejando un menor pesimismo.

¿Qué tan sostenible es el desempeño económico de México para el futuro, y en dónde se ubican los principales riesgos?

La lógica indica que en los meses próximos deberíamos de ver una menor actividad económica, particularmente en el mercado interno, ya que la actividad exportadora pudiera seguir dando mejores números en la medida en que la debilidad del peso favorece nuestra competitividad y el mercado norteamericano parece que puede seguir fuerte. Del otro lado, la inversión productiva debiera de contraerse ante la incertidumbre que prevalece en torno al TLCAN y a las políticas fiscales y proteccionistas del gobierno del presidente Trump. También debemos ver un efecto de menor gasto de inversión del lado del sector público ante los fuertes recortes en el Presupuesto.

Después de las declaraciones del secretario de Comercio americano, Wilbur Ross, que han suavizado la posición ultraproteccionista inicial, para la negociación del TLCAN, los principales riesgos se centran en:

1. La discusión que todavía se tiene en el Congreso norteamericano sobre el impuesto BAT (impuesto de ajuste fronterizo) que haría no deducibles las importaciones de insumos para las empresas americanas y determinaría como ingresos exentos a los derivados de las exportaciones.

2. La reforma tributaria de Trump que promete bajar significativamente la tasa de ISR para las empresas americanas, lo que nos dejaría con un esquema fiscal en México poco competitivo.

3. Una eventual reducción en la calificación de la deuda soberana de México, por parte de las calificadoras internacionales, que ya han puesto en perspectiva negativa a México.

Twitter: @EOFarrilS59

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