Opinión

La economía de México, un carro de 8 cilindros que usa 2

Después del reciente ajuste en el pronóstico de crecimiento por parte de la Secretaría de Hacienda, la pregunta en boca de todos es ¿por qué México no crece? A reserva de repetir lo que otros han dicho, es importante distinguir entre lo cíclico y lo estructural, y entre el corto plazo y el mediano o largo.

El año pasado la economía mexicana no creció debido a la caída en la industria de la construcción (profundizada por la crisis de las empresas de vivienda), por la incertidumbre regulatoria ante cambios inminentes, por la falta de crédito a nivel de banca comercial y de desarrollo, por la falta de gasto público achacable al nuevo gobierno y por la moderación en la demanda proveniente de Estados Unidos.

Posteriormente, la economía de Estados Unidos presentó un sorpresivo estancamiento en el primer trimestre, al crecer sólo 0.1 por ciento en relación al cuarto trimestre del año pasado. Esto se debió al clima, principalmente. Pero, además, sabemos que el crecimiento de inventarios fue un fuerte componente del crecimiento económico en el cuarto trimestre, que dejó de estar presente en el primero de 2014. Todo indica que el crecimiento regresó en el segundo trimestre, y que será más robusto en la segunda mitad del año. La producción de autos, por ejemplo, ha aumentado 11.3 por ciento, relativa al primer trimestre (en el cual cayó 8.0 por ciento, con respecto al fin de 2013). Eso será muy positivo para empresas mexicanas que proveen al sector.

Se dice que la reciente reforma fiscal provocó que el crecimiento cayera. Esto es cierto, pero no necesariamente por las razones que se esgrimen. Ante la perspectiva de un nuevo impuesto a los dividendos y de una tasa impositiva mayor para las personas físicas, muchas empresas utilizaron todo el efectivo a su alcance para dar dividendos el año pasado. Por ello, no tenían recursos para invertir al principio del año.

La pregunta de fondo es si las reformas estructurales destrabarán el crecimiento, y cuándo lo harán. La energética, sin duda, incrementa el potencial en forma importante. Independientemente (o adicionalmente) de la inversión que será necesaria para desarrollar el potencial energético de México, la liberación de este sector le quita la camisa de fuerza a muchas industrias que podrán hacerse de energéticos y de energía en mercados abiertos y en forma mucho más eficiente, e incluso aprovechando los bajos costos estadounidenses. En contracorriente, la mala reforma de telecomunicaciones inhibe inversión, y la reforma fiscal fomenta informalidad.

Este último es un problema relevante. Repitiendo los argumentos que dio Martin Wolf en el Financial Times al analizar la economía de México, a partir de datos de un excelente estudio de McKinsey, la economía mexicana tiene un creciente freno de mano que proviene del ínfimo crecimiento de la productividad. Entre empresas de más de 500 trabajadores, ésta creció 5.8 por ciento anual de 1999 a 2009. Entre empresas de entre 10 y 500 empleados creció 1.0 por ciento, y entre empresas con menos de 10 empleados decreció 6.5 por ciento por año. La participación de estas últimas en el empleo total es el que más ha crecido, las más grandes se han quedado igual. Mientras tanto, la crisis ha sido un gran catalizador de eficiencia para empresas estadounidenses. A pesar de que su economía creció sólo 19 or ciento en términos nominales entre 2009 y 2013, las utilidades de las 500 empresas más grandes se expandieron 175 por ciento en el mismo período.

El otro gran lastre en México proviene de la falta de penetración de crédito. Pero, ¿cómo puede darse más crédito en una economía crecientemente informal, en un país que tiene tan poco respeto por la propiedad, y con un Estado de derecho tan débil? Según McKinsey, hay una brecha de 60 mil millones de dólares entre el crédito que se necesita y el otorgado. Evidentemente, a más crédito más crecimiento. Claramente, éste no se liberará por decreto sino porque haya más fuentes de oferta y mejores condiciones jurídicas para otorgarlo.
Para crecer no hay soluciones mágicas.

La economía de México es como un carro de ocho cilindros que sólo utiliza dos. La reforma energética libera potencialmente otros dos, pero los cuatro restantes requieren de un Estado de derecho que funcione y que dé certeza jurídica sobre la propiedad y seguridad personal; controle la excesiva corrupción y evite impunidad; limite la extorsión que proviene de sindicatos, crimen organizado y funcionarios públicos; y le devuelva al Estado el monopolio del uso de la fuerza en todo su territorio. Si, además, le agregamos un sistema educativo funcional en todos los niveles, entonces será como si le echáramos turbosina a la máquina.

Las reformas estructurales propuestas dan la posibilidad de detonar crecimiento. Éstas son necesarias, mas no suficientes para que el país se desarrolle. Hay mucho más por hacer y, con certeza, mientras más nos tardemos en empezar, más difícil será lograrlo.

Twitter: @jorgesuarezv​