Opinión

La dificultad del desarrollo y el ejemplo 
de Singapur

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Singapur

Los datos que se empiezan a conocer para los primeros meses del año confirman lo que se temía: la economía mexicana continúa débil, ya que la producción industrial vuelve a reducirse, las exportaciones no petroleras crecen, pero menos que durante el año anterior, agravando la fuerte contracción de las exportaciones petroleras y el desempleo se eleva. Por su parte, se tiene un creciente déficit fiscal en el primer bimestre, lo que confirma la necesidad de realizar el recorte en el gasto público.

El bajo crecimiento de la producción significa un menor ingreso para el país, así como que la mayoría de los jóvenes que llegan a la edad laborable no tienen en donde trabajar. De esta manera casi medio millón de personas engrosan el desempleo y el subempleo, pero lo más grave es que empiezan su vida laboral sin expectativas de una vida mejor.

En esta coyuntura es conveniente ver los casos de éxito en el desarrollo de los países a lo largo de la historia reciente, para buscar las causas que permitieron su transformación. Un país que resalta es Singapur, después de su independencia de Malasia al inicio de la década de los sesenta. En aquella época su PIB per cápita era inferior al que poseía México, con una superficie muy pequeña y sin recursos naturales. Este es uno de los pocos casos en donde la economía pasa de ser del Tercer Mundo a una de Primer Mundo en sólo una generación. En la actualidad su PIB per cápita es superior a 55 mil dólares -cinco veces mayor al de México- y se sitúa entre los cinco más elevados del mundo. En la actualidad esta ciudad-estado tiene un nivel de vida muy superior al que poseen casi todas las naciones del mundo.

Este prodigioso avance se debe a Lee Kuan Yew, quien murió en semanas pasadas, y que siguió una agresiva política de fomento a la inversión pública y, sobre todo, privada; también una drástica apertura al exterior, lo contrario de lo que han seguido la mayoría de los países en Latinoamérica. Resalta que la inversión en Singapur ha sido superior a 45 por ciento del PIB durante varias décadas y su comercio internacional es muy superior a su PIB total.

Para lograr este avance siguió una política de fuertes incentivos a la inversión, una baja tasa de inflación, importantes garantías a los inversionistas, un extraordinario respeto al Estado de derecho y el uso del sistema de mercado y de los precios como asignadores de los recursos. Resalta la fuerte competencia que tienen las empresas y la apertura al resto del mundo para que las empresas ofrezcan buenos productos a bajos precios o que desaparezcan del mercado. Otro aspecto que destaca es la bajísima corrupción que existe en el país y la elevada calidad de la educación de la población.

El ejemplo de Singapur en aquella parte del mundo ha servido para que otras naciones sigan su estrategia de desarrollo económico, con sus correspondientes adecuaciones, iniciando una extraordinaria transformación y liberación de la pobreza para millones de seres humanos. Así, vemos cómo China, Vietnam, Corea y otros más se suman a una estrategia de libertad de los mercados, con un Estado de derecho que funciona, lo que permite la transformación de países que parecían condenados a la pobreza.

Lo anterior contrasta con lo que sucede en Latinoamérica en donde, con algunas notables excepciones, los países no logran iniciar un sólido desarrollo económico, a pesar de que poseen abundantes recursos naturales y una población demandante de oportunidad de bienestar que no encuentran. Son comunes en esta zona del mundo la existencia de controles de los precios y de los mercados, expropiaciones de empresas y propiedades, desequilibrios fiscales y altas tasas de inflaciones, pocas garantías a las inversiones y un Estado de derecho muy débil, así como corrupción en todos los niveles, siendo el caso más grave en este momento el de Venezuela.

Este escenario es poco propicio para lograr incrementos en la inversión y en la generación de empleos productivos. Sin embargo, casos como el de Chile, de Perú en años más recientes y de Panamá en la actualidad que, con pequeños pero significativos cambios, logran grandes transformaciones lo que permite ser optimista.

* El autor es economista.

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