Opinión

La devaluación de Semana Santa

 
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ME. La devaluación de Semana Santa.

Ya muy pocos se acuerdan de ella. Ocurrió el ‘sábado de gloria’ de 1954, cuando la mayor parte de la gente estaba de descanso.

En ese año, la Semana Santa cayó en abril y el “sabadazo” fue el día 17 de ese mes.

La historia fue prácticamente la misma que se presentó en las devaluaciones que ocurrieron cuando había tipos de cambio fijos: el desequilibrio de las cuentas externas hacía que las reservas se vinieran para abajo y no había otra que devaluar.

Hoy las cifras de aquella época parecen insignificantes. No lo eran entonces. En el segundo trimestre de 1954 el saldo de la cuenta corriente de la balanza de pagos fue negativo en 184 millones de dólares y las reservas internacionales cayeron en 116 millones de dólares en el mismo periodo.

Por ello, Antonio Carrillo Flores, que llevaba un año y cuatro meses en Hacienda, y Rodrigo Gómez, con el mismo tiempo en la dirección general del Banco de México, terminaron con casi seis años de una paridad de 8.65 pesos por dólar y anunciaron, en medio de la quema de los judas, usual todavía en esos tiempos, que la nueva paridad se fijaría en 12.50 pesos, es decir, una depreciación de nuestra moneda de 44.5 por ciento de un solo golpe.

Quizás ninguno de los dos estaba consciente plenamente de que fijarían un tipo de cambio que duraría en ese nivel 22 años y que para una generación fue símbolo de tiempos de estabilidad y crecimiento.

Por cierto, que puede descontrolar el nivel de la paridad, tan cercana a la actual, porque frecuentemente también se nos olvida la eliminación de tres ceros que fue realizada en 1993.

Así que esos 12.50 pesos de entonces, en realidad son 1.25 centavos de ahora.

En aquel entonces, la decisión de devaluar marcaba épocas, como ocurrió luego en 1976 o 1982, cuando las devaluaciones anunciaron crisis mayores en la economía mexicana. Desde 1995 cambiaron las cosas y el tipo de cambio se movió con relativa libertad. Por primera vez en la historia, además de la devaluación, conocimos la revaluación.

La paridad, sin embargo, no deja de tener el significado que tuvo desde aquella Semana Santa: un mecanismo para ajustar la economía. Tras la devaluación de aquel abril, las exportaciones comenzaron a crecer y cuando ya se dieron los efectos completos, en 1955, las exportaciones totales crecieron a una tasa anual de 20 por ciento y en lugar de perder reservas, se dio una acumulación de 201 millones de dólares.

Pero quizás lo más importante es que el país estaba en una profunda transformación. Había un intenso proceso de urbanización e industrialización, que aumentó fuertemente la productividad, que catapultó el crecimiento y que permitió un crecimiento sin precedente en la historia de los niveles de vida.

Sólo como referencia, el PIB por habitante creció 74 por ciento en términos reales entre 1954 y 1970, un promedio de 3.46 por ciento por año, que hoy vemos casi inalcanzable si lo comparamos con el 0.9 por ciento anual promedio de este siglo.

No todo comenzó con la devaluación de aquella Semana Santa de 1954, pero en esos meses se sentaron las bases de la que sigue siendo aún la más exitosa etapa de la economía mexicana en toda la historia.

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