Opinión

La desigualdad no cede en México

 
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Famillia. (Cuartoscuro)

Nuestro país se hace notar por su desigualdad, persistente por décadas y siglos.

Los datos más recientes publicados por la Encuesta Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) del INEGI, muestran su permanencia.

Antes de ir al presente, hagamos un poco de historia.

México no ha logrado conciliar el crecimiento con la mayor equidad.

De acuerdo con el INEGI, entre 1950 y 1983, el ingreso medio familiar creció 124 por ciento en términos reales. Esto significa una tasa promedio de 2.4 por ciento anual.

Sin embargo, el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, pasó de un valor de 0.516 en 1950 a otro de 0.57 en 1975. Creció notablemente.

La desigualdad, no obstante, empezó a bajar en México precisamente cuando se agotó el impulso del crecimiento. En 1983 ya había bajado este coeficiente a 0.449.

Si comparamos esta cifra con la que dio a conocer el INEGI la semana pasada correspondiente al 2014, y que se ubicó en 0.438, percibimos que hay escaso avance en materia de equidad.

Aún más, de no existir las transferencias vinculadas a la política social, estaríamos con un nivel de desigualdad mucho mayor, de 0.491 puntos.

Va otro dato relevante. En 1950, el 10 por ciento de la población con los ingresos más elevados concentraba el 45.48 por ciento de los ingresos totales de los hogares y eran 18.7 veces superiores a los del 10 por ciento más pobre.

En 2014, el 10 por ciento más rico concentraba el 36.6 por ciento del ingreso total. Sin embargo, la diferencia con el 10 por ciento más pobre era de 24.6 veces.

Lo anterior quiere decir que se fortalecieron las clases medias que captaron un porcentaje mayor del ingreso, pero que la distancia entre los más pobres y los más ricos incluso se ha ensanchado.

La desigualdad está en casi todas partes, pero no es la misma en todo el país. La entidad con menor equidad es Puebla, con un coeficiente de Gini de 0.526, mientras que la de menor desigualdad de ingresos es Baja California, donde el coeficiente es de 0.399.

La otra gran diferencia deriva de las ciudades y el campo. El ingreso promedio de los hogares en las ciudades es 103 por ciento superior al de los hogares de las localidades rurales.

Sin que esté excluida la pobreza de las zonas urbanas, su presencia es mucho más acentuada en zonas rurales, donde aún se ubica el 23 por ciento de los hogares de México.

Otra de las expresiones de la desigualdad es la estructura del gasto. El 10 por ciento de la población más pobre canaliza el 50.7 de todo lo que gasta para comer y en contraste, sólo el 5.6 por ciento a educación y esparcimiento.

En contraste, el 10 por ciento de la población con mayores ingresos debe destinar sólo el 22.5 por ciento de su gasto para comer y destina el 20.6 por ciento en educación y esparcimiento.

Sólo como referencia, los dos países más equitativos del mundo son Suecia y Noruega, con un índice de Gini de 0.25 puntos. Mientras que en el extremo de la desigualdad (donde existen datos) está Sudáfrica con un índice de 0.631 y para nuestra región, Bolivia, con 0.563.

Reducir la desigualdad sigue como una de las asignaturas pendientes de nuestro país.

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