Opinión

La (des)Constitución cumple 100 años

 
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Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (Archivo)

El domingo cumple cien años la Constitución Política conforme a la cual, debería conducirse la vida cívica, institucional y jurídica de México. Me gusta el señalamiento de que las constituciones constituyen, es decir, conforman a las naciones, porque creo que la falta de adecuación de la nuestra explica, en buena medida, que el país esté a la deriva.

Muchos de los problemas que afronta México tienen relación con la falta de entusiasmo de la ciudadanía por la ausencia de un proyecto nacional genuino, propio, que, en su traducción ideológica fuera significante, convocante y conmovedor. Esas cualidades las tuvo la Constitución de 1917, cuando se perseguía la justicia social.

La demagogia priista las fue erosionando hasta que las perdió con la imposición del paradigma neoliberal en torno al mercado y el individualismo, que hacen del afán de tener dinero el único sentido y propósito colectivo.

Hoy se habla de unirnos ante las agresiones de Donald Trump, exaltando un nacionalismo defensivo que se nutre de las majaderías del enemigo común identificado.

Se vale, pero la unidad social no depende de factores externos; sólo es perdurable y trascendente si la sostiene un nacionalismo consistente en la identificación colectiva de códigos culturales y propósitos que nos sean comunes.

Afrontar los problemas mayores de la nación, pueden ser esos propósitos comunes hoy. Podrían resumirse en que México es un país sin ley ni autoridades que den contenido a la soberanía nacional, que salven a empresas y ciudadanos de la corrupción, que protejan a sus trabajadores urbanos y rurales en sus derechos laborales, y que pongan las riquezas naturales al servicio de un proyecto nacional que contemple una mejor calidad de vida para todos.

Requisito para lograr la unidad nacional en torno a propósitos como esos, es la legitimidad del liderazgo y para nadie es un secreto la erosión que han sufrido todas las instituciones y autoridades del Estado.

Nunca habíamos tenido un presidente de la República con aceptación tan baja como 12 por ciento, ni partidos políticos y Congreso tan desacreditados. Estamos, entre otras cosas, en medio de una crisis de representación social en las instituciones del Estado.

Es, sin embargo, con lo que se tienen que enfrentar los desafíos, muchos todavía desconocidos, que le esperan a México.

Quizás el primero deba ser el de alcanzar un nuevo pacto social en torno a los objetivos de un proyecto nacional, de los derechos ciudadanos y de las responsabilidades y facultades acotadas de los gobernantes, que puedan plasmarse en una Constitución Política capaz de reconstituir a la nación.

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